Mi compañero nadador máster Pepe Pincay me sorprendió con un video que pronto inundó las redes. Jorge Delgado Guzmán, uno de los forjadores de la idolatría de Barcelona, aparece cantando con una pista una balada que popularizaron Marco Molina y Los Corvets hace más de medio siglo. Casi al mismo tiempo me llegó una pregunta de Carlos Julio Emanuel: “¿Sabes cuántos años tiene Jorge Delgado?”. Por estar fuera del país no pude acudir al Registro Civil en busca del papiro que contiene la partida de nacimiento del prócer torero. Busqué por todos lados hasta que encontré la razón del video: hoy Jorge Delgado Guzmán cumple 90 frescas primaveras y lo ha celebrado cantando.

Jorge es uno de los seres humanos más alegres y festivos que conozco desde que ingresé al Colegio Nacional Vicente Rocafuerte, donde él era profesor de Educación Física. Bachiller vicentino, pasó a la docencia en 1951, a los 20 años, y se convirtió hasta hoy en uno de los personajes más populares de la historia vicentina y guayaquileña en cerrada competencia con Elmo Cura Suárez, quien le dejó el trono vacante en el 2018. ¿Cómo fue el proceso que lo llevó a ser arquero? ¿Fue pura intuición o le vino en los genes? La segunda teoría es la más apropiada.

Su padre, Jorge Delgado Cepeda, fue un gran arquero de los años 20 y 30. Empezó en Patria y competía como el mejor de la ciudad con Francisco Serrano, del Packard, y Raymundo Ycaza, del Racing Club. A inicios de los años 30 pasó a custodiar el marco del Daring, con el que quedó campeón en 1934. El inolvidable Don Geo, su seudónimo, pasó enseguida al periodismo deportivo, y junto a su hermano Washington dieron paso en 1936 al primer programa deportivo radial de la historia: La Hora Olímpica. Se transmitía por Ondas del Pacífico y contaba con grandes voces del comentario: Washington Delgado Cepeda, director-fundador del programa; Don Geo Delgado, quien analizaba los partidos de la fecha; Miguel Roque Salcedo, como Pepe Banderilla, contaba anécdotas; y completaban el panel Ernesto Muñoz Morán y Miguel Machuca (Mickey Mouse).

Jorge Jr. siguió siempre el sendero trazado por su padre (ambos, arqueros y periodistas deportivos) y en 1946, con 15 años, ingresó como arquero juvenil a Barcelona. Al mismo tiempo empezó en la selección del Vicente Rocafuerte en competencia con Alfredo Freire Rendón, golero juvenil de Nueve de Octubre. El centenario plantel llegó a conformar un combinado memorable. En el Intercolegial de 1949 se jugó una final entre Vicente Rocafuerte y Aguirre Abad. Los vicentinos alinearon a Jorge Delgado; Fabián Bastidas y Julio Rubira; el Gato Gómez, Raúl Sánchez y Washington Villacreces; Paredes (Pereira), Luis Merino, Carol Farah, Manuel Vargas y Elizalde. Por los aguirrenses formaron Alfredo Bonnard; Guzmán y Garaicoa; Muñoz, Landívar y Suárez; Martín, Otto Legarda, Castro, Fuentes y Jorge Guzmán. El encuentro terminó sin goles. El Vicente fue campeón, pues llevaba dos puntos de ventaja al haber caído antes el Aguirre Abad contra Cristóbal Colón, que tenía en sus filas a Pablo y Luis Zatizábal, Kléber Villao, Luis Pulga Hidalgo y Pacífico Centeno.

En 1948, Jorge Delgado ya alternaba en las prácticas con el primer plantel torero, y un año después era el suplente de Enrique Ñato Romo, un arquero pequeño, pero volador, valiente y muy seguro. Barcelona iniciaba el proceso idolátrico que lo instaló, desde entonces y para siempre, en el corazón de nuestro pueblo. En 1949 ocurrió el suceso que reafirmó a Barcelona en la cima de la idolatría: el triunfo ante Millonarios el 31 de agosto de 1949 por 3-2. Esa noche, Jorge Delgado estuvo en el banco de suplentes. La hora del debut le llegó el 14 de mayo de 1950, antes de cumplir 19 años, al aparecer en el estadio Capwell ante Litoral de Bolivia que cayó por 5-0. Barcelona fue el último campeón del amateurismo ese año con Delgado, Romo, Carlos Pibe Sánchez, Galo Papa Chola Solís, Juan Zambo Benítez, Jorge Cantos, Fausto Montalván, Manuel Valle, José Negro Jiménez, Enrique Pajarito Cantos, Nelson Lara, Sigifredo Cholo Chuchuca, José Pelusa Vargas y Guido Andrade. Jorge es el único sobreviviente de esa generación de oro que no admite comparación por la manera como labró la grandeza infinita de un modesto club de barrio, el del Astillero.

Jorge Delgado Guzmán, en una entrevista con este Diario, en enero de 2018.

Eran jugadores que no vivían del fútbol. Trabajaban para sostener a su familia. Los solteros habitaban el hogar paterno. No hace mucho tiempo que Jorge le contó a Carlos Víctor Morales, en El VAR de CV, que los días de partido iba al Capwell en bus con Don Geo. Y agregó: “Los jugadores no teníamos automóvil. El equipo, camisa de seda, pantalonetas, polines y vendas se lavaban en casa. Para llevarlos al estadio mi madre me cosió un maletín de tela”. Todo era sencillo, hasta que los jugadores salían a la cancha. Entonces eran un prodigio de bravura, coraje, valentía sin renuncias. Daban la vida por los colores amados. Nunca importaron los pergaminos del rival, los nombres famosos. Para ganarle a Barcelona había que soldar, sudar, sufrir. Y eso lo convirtió en ídolo. Todos los apellidos que anunciaba el querido Paco Villar eran criollos y sonaban como una proclama de guerra.

Siempre he sostenido que el partido más memorable de Jorge Delgado fue el del 21 de mayo de 1952, cuando Millonarios regresó en busca de revancha. Ese Millonarios es el que la Enciclopedia Océano del Fútbol considera uno de los equipos más famosos del mundo. A más de Alfredo Di Stéfano, Adolfo Pedernera y Néstor Rossi, el campeón bogotano había incorporado al arquero Julio Cozzi, campeón sudamericano en 1947; a Reinaldo Cara de auto Mourín, titular de Independiente de Avellaneda; y Hugo Reyes y Antonio Báez, procedentes de River Plate. Millonarios venía de ganar 4-2 a Real Madrid en el estadio Bernabéu, amargándole la fiesta por los 50 años de fundación de los merengues. Barcelona ganó esa noche por 1-0, gol de Juan Deleva, refuerzo de Río Guayas; pero la estrella fue Jorge Delgado Guzmán, invulnerable ante los cañonazos rivales. Esa noche, Eduardo Tano Spandre dominó a Di Stéfano y Benítez anuló al feroz Mourin.

Jorge Delgado Guzmán (c), en su etapa en Emelec. Foto: Archivo

Delgado se retiró en 1956, pero volvió en Liga Deportiva Universitaria de Guayaquil en 1960, llevado por Pepe Argenzio, y en Nueve de Octubre. En 1964 dejó el fútbol activo definitivamente, fue contratado como preparador físico por Emelec y fue protagonista en el torneo de la Asociación de Fútbol de una anécdota pocas veces contada. Emelec clasificó al cuadrangular final y debía jugar el primer partido contra Nueve de Octubre. El paraguayo Ramón Maggereger era el único arquero disponible, pues Manolo Ordeñana se había lesionado en un entrenamiento. Otón Chávez Pazmiño, de la Comisión de Fútbol eléctrica, le preguntó a Jorge si podía equiparse para una emergencia. Se puso de corto, y al inicio del segundo tiempo el paraguayo chocó con un rival octubrino y no pudo seguir jugando. El preparador físico se convirtió en arquero por 45 minutos. Perdió Emelec por 2-1, pero al final fue campeón de ese torneo de Asoguayas.

Quedan en la memoria muchas anécdotas vividas con Jorge Delgado Guzmán, pero se agotó el espacio. Solo quedan palabras para enviarle un abrazo fraternal y afectuoso, y para pedirle que nos invite a la celebración del centenario. ¡Salud, querido maestro! (O)