La primera participación de Ecuador en unos Juegos Olímpicos fue en París 1924 gracias a la intervención del diplomático ecuatoriano Enrique Dorn y Alsúa, quien tenía amistad con el barón Pierre de Coubertin, lo que permitió que fuera nombrado miembro del Comité Olímpico Internacional (COI) en 1920. Esta relación facilitó que nuestro país fuese invitado a participar en los Juegos que se iban a realizar en la capital francesa.

Para Ecuador, la invitación recibida del COI no debía ser desperdiciada, y se consiguió inscribir a tres deportistas. Alberto Jarrín, nacido en Cayambe y uno de los pioneros del atletismo nacional, participó en la prueba de los 10.000 metros sin mayor suceso, ya que debió retirarse antes de finalizar la carrera. Igual suerte corrió el otro atleta que participó en la misma competencia, Belisario Villacís, quiteño. Se conoció que la razón de su retiro fue que decidió correr con unos zapatos europeos que le generaron molestias en los pies y le obligaron a retirarse. Y el tercer atleta, el guayaquileño Alberto Jurado, velocista de 100 m y 200 m, no alcanzó el registro para clasificar a la final.

El desplazamiento de la delegación ecuatoriana fue posible gracias al aporte económico que brindó el presidente de la República de ese entonces, José Luis Tamayo, quien entregó 8.000 sucres a nombre del Gobierno nacional.

Cierto sector de la prensa señaló que era un despropósito gastar tan importante suma de dinero para ir a un fracaso anunciado. Aunque deportivamente la participación no fue auspiciosa, la inclusión de nuestro país en el círculo olímpico dejó secuelas positivas imborrables, como lo resalta el historiador Ricardo Vasconcellos Rosado en la columna publicada el 20 de marzo de 2016: “Manuel Seminario Sáenz de Tejada, el padre del deporte ecuatoriano y quien presidía la Federación Deportiva Guayaquil, empezó a elucubrar la posibilidad de realizar un evento al estilo de los JJ. OO.”. Y fue tanta su predisposición que, con el apoyo de varios dirigentes, realizó el primer congreso deportivo nacional y fundó Fedenador; luego, la realización de la primera olimpiada nacional en Riobamba, en marzo de 1926.

El Comité Olímpico Ecuatoriano (COE) se constituyó en 1938, pero recién fue reconocido en 1959 por el COI. Ecuador volvió a participar en México 1968. Desde ese año ha asistido a todas las ediciones de los JJ. OO. En todo este tiempo, Ecuador ha conseguido dos medallas gracias a Jefferson Pérez Quezada, una de oro en Atlanta 1996 y una de plata en Pekín 2008, en su especialidad de 20 km marcha.

Cifra récord de clasificados tricolores

Hace pocos días, el Comité Olímpico Ecuatoriano, con bombos y platillos en un acto simbólico y solemne a la vez, hizo conocer que a Tokio 2020 nuestro país asistirá con la mayor cantidad de deportistas, quienes se han ganado su participación cumpliendo con la rigurosidad deportiva que se exige. En esta cita olímpica, por el momento, Ecuador posee 48 cupos (hasta la clasificación de los nadadores Tomás Peribonio y Anicka Delgado, el viernes) y, según el COE, esta cifra podría llegar a 50, de acuerdo con la expectativa que todavía está vigente.

Es de por sí una buena noticia para nuestro deporte que ese número de deportistas signifique la mayor representación en nuestra historia. El atletismo es la disciplina que aglutina la mayor cantidad de representantes. En total, hasta el momento, son 17 atletas que cumplieron las marcas que les dio la visa para su asistencia y además, entre ellos, hay varios que van con aroma de algún metal olímpico. El levantamiento de pesas, con cuatro representantes, incluye a la legendaria Alexandra Escobar, siempre competitiva, aunque en esta ocasión la abanderada es Neisi Dajomes, que en la categoría de 76 kg tiene, por sus últimas performances, posibilidades de ser candidata a medalla. También el boxeo, que registra cuatro púgiles, tiene en su selecta lista al otro abanderado y opcionado a traerse una medalla. Me refiero a Julio César Castillo, que en la categoría de 91 kg luce como para ponerse en el pecho la medalla dorada, por su brillante recorrido y récords de los últimos tiempos.

Entre las demás disciplinas dispuestas a ofrecer alguna sorpresa está el ciclismo, con el archiconocido Richard Carapaz y también Jhonatan Narváez. Y no hay que olvidarse de Alfredo Campo, un excelente ciclista en la especialidad BMX. Las otras disciplinas donde Ecuador ha inscrito deportistas son: ecuestre, un deportista; natación, dos especialistas en aguas abiertas y dos en piscina; surf, uno; tiro con arco, uno; tiro deportivo, dos; tenis de mesa, uno, y debutando en golf con Daniela Darquea. Existe gran entusiasmo y se espera, por opiniones de expertos, que nuestro país pueda soñar con conseguir hasta tres preseas.

El más trascendental evento deportivo, los Juegos Olímpicos de Tokio, tiene fecha de inauguración el 23 de julio y su clausura está prevista para el 8 de agosto de 2021. Se seguirá denominando Tokio 2020 por la simple razón de que los diseños del emblema de estos Juegos, la mascota y todos los souvenires, que son los recuerdos del evento, están grabados con el año 2020. Todas estas marcas debieron sujetarse al proceso de registro. Tokio 2020 entrará en la historia de aquellos eventos más golpeados por sucesos exógenos, por supuesto, recordando que las ediciones correspondientes a 1914, 1940 y 1944 no se pudieron llevar a efecto por las conflagraciones mundiales. También hay que recordar los juegos opacos, aquel golpeado por la gran depresión de 1932 o la lastimera interferencia política del régimen nazista en las Olimpiadas de 1936 o la desgracia ocurrida en Múnich 1972, con la masacre a 11 miembros de la delegación israelita, que fueron secuestrados en la villa olímpica por un grupo extremista palestino Septiembre Negro. También horas oscuras sufrieron los Juegos de Moscú 1980: la delegación de Estados Unidos decidió no participar, porque no podía aceptar la invasión soviética a Afganistán, esto provocó la reacción de la URSS, que boicoteó los Juegos de Los Ángeles 1984 al no asistir con su siempre importante delegación.

También en Atlanta 1996, durante un concierto organizado para celebrar la realización de esos Juegos, una bomba estalló en el Centennial Olympic Park, lo que dejó como saldo trágico un muerto y 111 heridos.

El 26 de julio de 1996, Jefferson Pérez (c) ganó los 20 km marcha de los Juegos Olímpicos de Atlanta.

Tokio 2020 no tiene parangón. La pandemia del COVID-19 hizo que los Juegos se atrasaran un año. Se lo hará contra todo pronóstico, desatendiendo el clamor ciudadano japonés, que entre el 70 % y 80 % considera que no deberían llevarse a cabo este 2021.

Al final, los Juegos se realizarán, según los organizadores y las autoridades de salud de Japón, con todas las garantías sanitarias, aunque serán Juegos disponibles para asistentes debidamente vacunados, pero sin el colorido de los turistas, ya que hasta la fecha los visitantes foráneos no están permitidos. Eso es quitarle el sabor y la alegría a la fiesta que llevan los “turistas olímpicos” fuera de los escenarios deportivos. De eso Japón sabe, ya que fueron organizadores en Tokio 1964 y los Juegos de Invierno de Sapporo en 1972 y de Nagano en 1998.

La cita está confirmada. Sus organizadores la han declarado impostergable. Serán unos juegos atípicos. Nuestro país asistirá con la delegación más numerosa de su historia. La llama olímpica enciende nuevos sueños: que suene nuestro himno y el país lo cante orgulloso cuando veamos a otro ecuatoriano en el podio, como nos hizo estremecer la leyenda Jefferson Pérez. (O)