Los enfrentamientos verbales entre dirigentes de Emelec y el director técnico de Independiente del Valle han creado un ambiente hostil antes de lo que se considera ya la que será la final del campeonato ecuatoriano de fútbol.

Independiente lucha por conseguir el título por primera vez en su historia. Emelec va por su decimoquinta corona. A la par de la expectativa, como es costumbre en nuestro balompié, la beligerancia y la incontinencia verbal se han hecho presentes en el escenario.

El señor Renato Paiva, entrenador portugués de Independiente, ha demostrado hasta ahora ser el ejecutor adecuado para desarrollar, dentro del campo de juego, lo que el dirigente Michel Deller, en el transcurso de muchos años, ha venido configurando. El director técnico ha sido un privilegiado por poder usufructuar de la estructura disponible. Es un mérito para la dirigencia del equipo de Pichincha haber instaurado en el país una misión y una visión diversa a la que se había conocido como equipo de fútbol. Ellos han venido implantando el concepto moderno de empresa de balompié, con un organigrama y contenidos organizativos muy cercanos a una sociedad anónima dedicada a la actividad. Para nadie es desconocido que este emprendimiento ha sido aplaudido y reconocido internacionalmente.

Es fundamental anotar que dicha organización ha sido fondeada con recursos del patrimonio de sus principales dirigentes, confiados de que esta inversión tenga en pocos años la rentabilidad esperada. Deller y compañía no han escatimado este año en invertir mucho dinero en el club. Y no solo para demostrar la institucionalidad en su gran dimensión; me refiero a la organización administrativa, estructura física y, por supuesto, la deportiva. Al margen de todos estos atributos, Deller conoce por su trajinar en el fútbol que le falta en su vitrina el trofeo que representa ganar el campeonato nacional. Para aquello ha invertido este año grandes recursos económicos en conformar un plantel capaz de competir en el rango que exige el objetivo. La ventaja que ha tenido es que la inversión ha sido sostenida e importante, con la que hoy está beneficiado Paiva. El luso, a mesa servida, ha llegado a la final.

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Lamentablemente, en el último tiempo, también el portugués ha ganado campo en el discurso agresivo contra quien aparezca como legítimo contradictor. Se ha dado tiempo para utilizar calificativos peyorativos a periodistas deportivos, sin frontera que lo detenga. Su estilo confrontativo llegó a instancias pocas veces vistas en la historia de nuestro fútbol. Ahora apuntó a la dirigencia de Emelec.

Paiva: Pedir árbitros extranjeros es un menosprecio asqueroso al arbitraje ecuatoriano

Paiva ha criticado la legítima decisión de solicitar réferis foráneos para la operación del VAR en las finales del torneo, expresando frases como: “Me da risa que pidan árbitros extranjeros, es un menosprecio asqueroso”. Las declaraciones punzantes hallaron una respuesta del mismo calibre, cuando Nassib Neme, presidente de Emelec, calificó al portugués como un “malcriado valiente, que insulta a quien se atreve a opinar diferente y que seguramente su visión de Ecuador está alimentada por el señor Michel Deller”.

Desde mi punto de vista, si el reglamento ampara que cualquier equipo pueda solicitar árbitros extranjeros para la utilización del VAR –en vista del estrepitoso fracaso, debidamente comprobado por los audios de partidos que se han hecho públicos– no representa para nada un “menosprecio asqueroso” al arbitraje ecuatoriano solicitarlos, toda vez que, en vista, por cantidad y calidad escasean en nuestro medio, y los pocos que hay no ofrecen las garantías necesarias para esa tarea.

Aunque preocupa la inoperancia arbitral, calificada así por los propios dirigentes del fútbol nacional, más preocupante es el nivel de discusión al que ha llegado nuestro balompié cuando observamos cada cierto tiempo este tipo de enfrentamientos.

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Michel Deller, directivo de la Federación Ecuatoriana de Fútbol, causa multa de LigaPro a Independiente del Valle

Absortos, sorprendidos, somos testigos de una discusión pública que sobrepasó los límites de la tolerancia. Se ha generado un ambiente hostil y peligroso antes de una final. El técnico Paiva ha enfilado su verborragia a cuanto opositor aparezca en su camino. Ya lo hizo con el periodismo deportivo, ahora habló en contra de un club y su presidente.

Paiva sabe que en nuestro país esas discusiones públicas se las puede hacer, que no hay nada que las limite ni que restrinja el abuso verbal. Puede hablar de tal manera porque se ha percatado de que, pese a existir normatividad que limita y sanciona esas criticables actuaciones, no se aplican.

Las actuaciones beligerantes de los diversos actores rompió el nivel de jerarquía, sin que a nadie le interese evitarlas. Las advertencias no han podido detener esta suerte de enfrentamientos, como son las agresiones aquí comentadas.

Bryan Carabalí dice que ‘molestan’ los malos arbitrajes, pero en Emelec se han ‘acostumbrado’

La Federación Ecuatoriana de Fútbol y la Liga Profesional, responsables directos de la norma escrita, pueden actuar amparados en esa regla universal que dicta que todo acto que menoscabe el espíritu deportivo debe ser sancionado, caso contrario se entra en un comportamiento anárquico, el cual seguirá devorando espacios permitidos por la omisión notoria de dichos organismos.

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Cuando la película se repite podemos llegar hasta a entender que provienen de un regionalismo desvirtuado, porque el tiempo se ha encargado de aplacarlo, pero que cada cierto tiempo parecería que resucita para perennizarse. Las últimas disputas y diferencias se asemejan al regionalismo tradicional, aquel que buscaba el dominio ideológico y territorial, y que provocó por mucho tiempo diferencias irreparables.

Hoy nos encontramos con lo mismo otra vez en el fútbol ecuatoriano, ante el que las esquirlas del rancio regionalismo crean heridas en la salud comunitaria del país. Esto, a vista y paciencia de las autoridades deportivas, que tienen la potestad y la obligación de extirparla, pero que hasta el momento no lo han logrado.

Nos cuesta aceptar, cuando extraños nos califican, que en el país practicamos la cultura del agravio. Aquella que usufructúa de licencias y formas, simplista, que deslegitima el derecho ajeno. Francisco Maturana, el médico colombiano que fue técnico de nuestra selección, algún día criticó a los ecuatorianos por tener una cultura arraigada y heredada a ser propensos a ver y juzgar las cosas y hechos por el lado más desfavorable. Nos calificó de vivir como pesimistas e infelices por la incertidumbre y las dudas.

Neme: Renato Paiva hace el papel del malcriado valiente, que insulta a quien se atreva a opinar diferente; seguramente su visión de Ecuador está alimentada por el señor Michel Deller

Como conclusión, una ambivalencia peligrosa toma cada vez más cuerpo en nuestro fútbol. Mucha razón tuvo Heráclito, el gran filósofo griego, cuando explicaba que la riqueza de la unidad de los opuestos se perdía porque el phármakon intelectual no alcanzó a ser la solución de ese mal. Es una expresión que identifica a los protagonistas permanentes y a los que anhelan convertirse. Por nuestros lares, no dice otra cosa que la dirigencia es exclusivista en la lucha por el dominio de la verdad, por eso son ellos los que aplauden la igualdad, pero también la desigualdad cuando perciben que ese dominio merodea su territorio.

Es posible que como excusa encuentren aquella que la adrenalina apresuró sus palabras y su contenido, pero con el ataque imprevisto previo ya cumplieron su cometido. A estas alturas no caben ni los lamentos ni las disculpas, porque son adornos utilizados para mitigar las penas. Todo aquello termina siendo subjetivo, pues uno no llega a entender si se retractan o se ratifican por alguna razón de fondo. Al final, conocemos perfectamente que estos despilfarros intelectuales, que superfluamente dilapidan ideas o pensamientos ajenos, tienen vía libre, mientras que los tribunales que deben aplicar la ley y el reglamento actúen impasiblemente. (O)