Para la edición de este 2021 de la Copa Libertadores se clasificaron por Ecuador: Liga de Quito, Independiente del Valle, Barcelona Sporting Club y Universidad Católica. Y para la Copa Sudamericana, nuestro país tenía cuatro cupos: Emelec, Guayaquil City, Macará y Aucas.

Revisando lo que ha sido la participación de los equipos guayaquileños, el único que sigue en competencia es Barcelona. Guayaquil City, sin mayor trascendencia, fue eliminado prontamente; mientras que Emelec, en una muy cuestionada participación, perdió una clasificación que la tenía en el bolsillo y, merecidamente, fue apeado de la competición por sus propios errores.

Cuando se conoció que Emelec formaba parte de un grupo con el Bragantino de Brasil, Talleres de Argentina y Deportes Tolima de Colombia, el presidente Nassib Neme entusiasmó a la hinchada eléctrica: “El equipo tiene como principales objetivos en la presente temporada conquistar la LigaPro y jugar la final de la Copa Sudamericana por una simple razón: tenemos con qué en ambos casos”. Declaraciones ofrecidas a EL UNIVERSO, el 6 de marzo del presente año.

Luego del sufrido y sorpresivo triunfo de Emelec de visitante en la jornada 1, derrotando al favorito Talleres de Córdoba, el emelecismo se ilusionó. Pero terminó defraudado cuando, en una bochornosa presentación, cayó ante el mismo rival en una goleada en casa por 4-1, generando un estado de decepción e irritación por la pobre presentación del equipo eléctrico. Ha sido algo comparable con aquellas lejanas eliminaciones, cuando un desconocido Deportivo Sipesa del Perú le ganó en primera vuelta en 1993 por la Copa Conmebol o frente al Minerven de Venezuela en 1994 en Libertadores.

La estrepitosa e inesperada eliminación de Emelec en la Sudamericana no puede concluir con un lamento público o en un inexcusable razonamiento de responsabilidad solidaria. El cuerpo técnico, que por cierto tiene el más alto grado de influencia en la derrota, no puede, bajo pretextos didácticos futbolísticos, soterrar errores de apreciación y de interpretación que permitieron que un rival sin mayor expectativa en la Copa lo haga ver tan desvalido a un elenco millonario desconocido: obra y gracia de Ismael Rescalvo.

Errores tan gruesos no solo que defraudan la esperanza de su afición, que creía que el paso a la otra ronda era prácticamente un hecho, sino que también impacta a la economía del club, que contaba con el jugoso premio que daba la clasificación a octavos.

Entre la planificación de Rescalvo y el partido, compareció el personaje inventado por el humorista argentino Divito, El otro yo del Dr. Merengue, entre aquel intelectual que nunca pierde la compostura y el otro de cara oculta, contradictor y opuesto a la idea que realmente piensa y practica. El problema de fondo es que con Rescalvo no es la primera vez que este comparece en esta transformación. Existen antecedentes.

Lo que también ha generado muchas dudas es si este golpe anímico será muy difícil de superar, sobre todo cuando este fin de semana, por la LigaPro, se enfrente a Independiente del Valle. Desde mi punto de vista, creería que no, porque los jugadores de Emelec están convencidos en su interior de que la afectación no es colectiva. Ellos conocen a fondo por qué Talleres los goleó y también saben quién fue el responsable, lo que los exime de reproches y remordimientos.

No hay mucho que profundizar como para determinar al principal culpable de la eliminación, y es sin lugar a dudas el técnico Rescalvo, que la noche del miércoles se olvidó de la lógica y se convirtió en un alquimista en laboratorio, como lo fue el año pasado, cuando experimentó una alineación inusual en un partido clave para sus aspiraciones a ser finalista de LigaPro ante Independiente.

Rescalvo decidió insistir en jugar con línea de tres, cuando a sus principales jugadores de la defensa no los tenía disponibles. Cometió el mayor error de ubicar como back por derecha a Óscar Bagüí, un marcador de punta con perfil zurdo. Las consecuencias se pudieron observar inmediatamente. Rescalvo le había entregado al rival el arma para que les dispare y Talleres así lo hizo: en 38 minutos le anotó tres goles. La improvisación de Bagüí desestabilizó el sistema defensivo, pero la crisis se agudizó porque Rescalvo no reaccionaba, seguía manteniendo en cancha a Jefferson Orejuela, jugador que los últimos años ha demostrado que perdió su especialidad, la de ser un expedito volante mixto. Eso es solo para recordar, porque en el presente es un jugador sin ideas, que deambula por la cancha, perdido en el espacio. Pero está la responsabilidad directa del desorden táctico. Demostrando grandes errores, el técnico quiso recomponer sus desaciertos con el cambio de varios jugadores que de alguna manera impidieron que el resultado fuera uno de los más vergonzantes sufridos por el Club Sport Emelec en torneos internacionales en su propio estadio George Capwell.

Haber despilfarrado la clasificación de manera tan irresponsable debería tener mayores explicaciones que las que dio el español Rescalvo luego de la debacle, que se resume en las siguientes frases anecdóticas: “No queríamos dañar la estructura. Sabíamos de la versatilidad de Bagüí para jugar con ambas piernas”. Cerró su intervención con este laberinto de ideas: “Todos, jugadores y cuerpo técnico, sabíamos la importancia del partido, pero creo que no entendimos que era un partido clave”. ¿Para qué más? Con esa frase se reconfirma el pensamiento de que el hombre actúa como piensa, para bien o para mal.

Seguramente Rescalvo siga al frente del equipo eléctrico, conociendo el estoicismo dirigencial de Neme, quien acostumbra a estirar el elástico al máximo, lo que posiblemente será hasta que se resuelva esta primera etapa de la LigaPro.

Barcelona y una campaña para el recuerdo

El otro lado de la medalla es Barcelona. En su participación en esta edición de la Libertadores, en un grupo donde estaban clubes afamados por razones obvias, Santos de Brasil y Boca Juniors. El equipo torero incursionó sin ser considerado favorito por los especialistas internacionales, sobre todo la siempre exultante prensa argentina, que nunca consideró al campeón ecuatoriano como candidato para avanzar de ronda. Hoy se dan con la piedra en los dientes, porque el elenco de Fabián Bustos no solo clasificó, sino que terminó merecidamente primero en el grupo.

¿Hasta dónde puede llegar el club canario en esta Copa? Dependerá de la inteligencia y la prudencia que tenga el cuerpo técnico en utilizar los jugadores adecuados en los momentos precisos. Esto, en vista de las exigencias que ha demandado esta Libertadores, deshumanizada por sus organizadores, que, con el fin de cumplir compromisos con sus patrocinadores y las concesionarias de los derechos audiovisuales, han hecho jugar contrasentido en plena pandemia a equipos con alto número de contagiados y en lugares distintos de sus sedes habituales. Ante todas estas dificultades, Barcelona pudo alternar jugadores y responder con altas y bajas en esta exigente competencia.

Carlos Alfaro Moreno y sus directivos han entregado a Bustos una plantilla variada, fortalecida en relación con la del año pasado. Mantuvo la estructura del equipo campeón e incorporó los refuerzos en los sectores más vulnerables. Hoy está en octavos de la Libertadores, luego habrá tiempo para demostrar si es capaz de ganar la etapa en curso de la LigaPro, donde también tiene grandes chances.

Está en el aire la moneda y la suerte está echada para Barcelona y Emelec. Al menos en las copas internacionales tienen sendas distintas; en el campeonato doméstico, pronto lo sabremos. (O)