Está científicamente comprobado el valor social y formador del deporte. También ejerce mucha influencia en la sociedad, tiene el carácter formativo que se palpa constantemente como producto del rigor de los entrenamientos, el trabajo en equipo, autocontrol, lecciones que deja una derrota, la búsqueda de la perfección, la perseverancia. Esta noble acción también genera fuertes vínculos de identidad colectiva entre los distintos gestores. Pero cuando estos no existen se produce enfrentamientos innecesarios que provocan desunión.













