En este tipo de torneos, siempre que un equipo gana sus dos primeros juegos y pasa a la siguiente ronda el entrenador enfrenta una disyuntiva: poner a los suplentes en el tercer partido, total ya está clasificado, o seguir con los titulares para garantizarse el primer lugar del grupo. Con los reservas se puede permitir dar descanso a los mejores, que de por sí deben jugar cada tres días. Y los mejores vienen de Europa, al final de una larga temporada. En cambio, con los titulares es más probable asegurarse el primer puesto y jugar contra el segundo de otro grupo, que por lo general no es igual que medirse con el primero, más fuerte.

Nadie tiene una receta infalible: unos optan por dar descanso y, de paso, probar a los sustitutos. Otros prefieren ir a lo más seguro. Luis Felipe Scolari, un grande desde el banquillo, bicampeón de Libertadores, campeón mundial en 2002, reconoció cierta vez en una charla: “Para ser campeón del mundo, es indispensable ser primero en tu grupo, pues luego uno transita el camino menos peligroso. Y para ser primero es fundamental ganar el primer partido”.

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José Pekerman, que necesitaba apenas un empate, puso diez suplentes en Colombia frente a Costa Rica. Y perdió. Lo más simple (y oportunista) es decir que se equivocó. Pero en la forma que había sido goleado Costa Rica por Estados Unidos no daba para pensar que un equipo eliminado, bajoneado anímicamente, sin siquiera un gol en dos presentaciones, pudiera despertar y dar un batacazo. Lo hizo.

Esto nos recuerda un hecho inolvidable en la Copa América de Uruguay 95. Argentina pasó por lo mismo que Colombia: 2 enfrentamientos, 6 puntos, clasificado. Daniel Passarella, pensando en el estado físico de sus jugadores, puso un equipo alternativo ante Estados Unidos: perdió 3 a 0, aquel recordado campanazo de los “iuesei”. Estados Unidos, dirigido por Bora Milutinovic, ganó el grupo y en cuartos de final le tocó México. Argentina quedó segunda y debió medirse contra Brasil. Era un equipo fantástico el argentino, iba por su tercera corona consecutiva, Batistuta y Balbo rompían portones. Pero… no es igual, al menos no lo era entonces, toparse con México que con Brasil. Argentina jugó un partido magnífico y se puso dos veces arriba en el marcador, pero al final empató Brasil 2-2 con aquel célebre gol denominado “la mano de Tulio”. Fueron a penales y se impuso Brasil 4-2. La mano de Tulio porque el goleador, viendo que no llegaba a un centro demasiado alto, la bajó con la mano, se acomodó y marcó el tanto. Una atajada digna de Ospina. El juez peruano Tejada lo validó y a otra cosa. Passarella fue blanco de críticas feroces.

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Exactamente lo mismo le pasó a Pekerman. Los entrenadores mienten con frecuencia con la vieja y embustera frase: “Acá todos son titulares y suplentes”. Falaz. Los titulares son mejores, por eso juegan. Y hay bastante diferencia. El equipo que debía obtener al menos un punto cedió los tres. De ninguna manera quiere ser una condena, pero es un dato de la realidad. Otro apunte es que, cuando Pekerman incluyó a James, Cardona y Cuadrado para inyectar categoría, Colombia creció. Quedó claro que, con los habituales de entrada, quizá no perdían.

Un tópico para tener en cuenta: el rival también juega. No es que Colombia perdió contra nadie. Recordemos que Costa Rica fue la gran revelación del Mundial de Brasil. Llegó a cuartos de final y se marchó invicta. Le tocaron tres campeones del mundo (Uruguay, Italia e Inglaterra), un campeón europeo (Grecia), un subcampeón mundial (Holanda) y apenas fue eliminado en penales. Ahora bien, por alguna razón interna que solo ellos saben, los ticos tuvieron una actuación pobre ante Paraguay y desastrosa contra EE.UU. Pero los jugadores son los mismos del Mundial, con el agregado del desconocido Johan Venegas que deslumbró ante Colombia, siendo la figura con algunas maniobras garrinchescas, como el golazo que abrió el marcador o el caño que le hizo a Felipe Aguilar y su posterior centro que derivó en autogol de Frank Fabra.

Colombia perdió una batalla, pero sigue en la guerra. Queda evaluar los daños que pueda implicar la apuesta de Pekerman.

Costa Rica se vuelve a casa con la frente en alto. No solo por la edificante victoria 3 a 2, sino por el reencuentro de varios jugadores con su mejor nivel. El 0-4 con los anfitriones les había puesto en duda todo, pero esto les permite mantener la confianza para la Eliminatoria. Christian Bolaños, Celso Borges, Bryan Ruiz, los zagueros Calvo y Acosta, los laterales Bryan Oviedo y Matarrita, el ya mencionado y sorprendente Venegas (milita en el Montreal Impact de la MLS). Con ellos no es difícil pensar que Costa Rica pueda estar presente otra vez en el Mundial. La materia prima recuperó la memoria.

En el otro choque del Grupo A, uno de los dos técnicos la iba a pasar mal si eliminaban a su equipo. Jurgen Klinsmann lleva cinco años trabajando en la US Soccer Federation. Venía muy cuestionado. “Su trabajo no se ve”, es la crítica general. Respiró tras la goleada a Costa Rica y luego hilvanó su segundo éxito ante Paraguay, con el mérito adicional de jugar un tiempo entero con 10 hombres. En consecuencia, al que alcanzó la guadaña fue a su colega, Ramón Díaz, quien renunció tras la eliminación de Paraguay. No obtuvo resultados, pero hizo una buena tarea. Cuando asumió no tenía una sola figura, empezó de cero. Nos lo confió un técnico sudamericano de prestigio, de relación muy estrecha con Paraguay. Fue en enero de 2015 y estaba Reinaldo Rueda presente: “No existe la más remota posibilidad de que Paraguay vaya al Mundial. No tiene ningún jugador en las ligas importantes de Europa, mientras que Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Colombia tienen cantidades”.

Ramón hizo una afanosa tarea de búsqueda, armó un Paraguay nuevo y se va dejando 7 figuras jóvenes con futuro: Micky Almirón, Óscar Romero, Darío Lezcano, Derlis González, Tony Sanabria, Piris Motta y a un consolidado Gustavo Gómez.

Hizo el trabajo sucio, el que nadie valora: la renovación, siempre traumática. Quien lo sustituya encontrará una base interesante. Pero como dice el amigo David Villavicencio, “los hermanos paraguayos, igual que pasa en toda Sudamérica, creen que tienen equipazos, figuras mundiales, y que la falla siempre es del DT”. (O)

Klinsmann lleva cinco años en la US Soccer Federation. “Su trabajo no se ve”, es la crítica general. Respiró tras la goleada a Costa Rica y luego hilvanó su segundo éxito ante Paraguay.