En el séptimo mes de cada año, en Guayaquil se hace presente una nueva edición de uno de los certámenes que se han convertido en emblema de esta ciudad: el Salón de Julio Pintura Fundación de Guayaquil.
Este 2012 cumple 53 años de existencia y muchos artistas, críticos de arte y otros involucrados con el ámbito cultural y que formaron parte en algún momento del concurso pictórico, coinciden en que se ha convertido en una ventana de proyección de noveles talentos que empezaron a circular su obra en el medio artístico.
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Melvin Hoyos, director de Cultura y Promoción Cívica del Municipio de Guayaquil, señala que esta competencia es “el escenario desde el que durante los últimos 53 años han ido saliendo los más grandes pintores que el país ha dado. Un 80% de los pintores más destacados del arte del siglo XX salió del Salón de Julio, por lo que siendo un espacio tremendamente consolidado en la historia ecuatoriana del arte es un escenario al que todos los artistas jóvenes quieren llegar y ser conocidos”.
El crítico de arte Juan Castro y Velásquez cita nombres de artistas ganadores del salón y que son considerados en la actualidad pilares del arte moderno del Ecuador, entre ellos constan César Andrade Faini, Enrique Tábara, Humberto Moré, Bolívar Mena Franco y Lloyd Wulf.
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Él señala que ellos participaron con obras que “en su momento fueron verdaderos rompimientos con las corrientes establecidas”. Y a eso apunta el concurso pictórico, refiere Hoyos. “Las propuestas de los participantes se acercan cada vez más a la contemporaneidad del arte, son más atrevidas y también establecen planteamientos nuevos no solo en la técnica, sino también en el soporte y en los conceptos”.
El pintor Luis Miranda (segundo lugar adquisición en 1973 y primer lugar adquisición en 1976 del Salón de Julio) sostiene que el certamen es emblemático para Guayaquil y positivo porque “a los artistas de la Costa siempre los dejan a un lado y el Salón de Julio los congrega a todos, además de que presenta siempre buena calidad”.
Sara Bermeo, quien fue directora del salón el año pasado, señala que “el concurso ha significado el nacimiento de jóvenes valores o también la consagración de talentos del arte ecuatoriano”.
Considera que de acuerdo con las administraciones de turno del Museo Municipal (ente que organiza la actividad por designación del Municipio local) “hubo intentos de cambio” en el sentido de dar apertura a otras expresiones, como en los años noventa cuando se dieron otras vertientes a más de la pintura, como instalaciones y videos.
La curadora y crítica de arte cubana Lupe Álvarez, residente en Ecuador y quien trabajó en el 2008 con la reserva del Museo Municipal en la que constan los trabajos ganadores de todas las ediciones del salón, explica que a finales de la década del cincuenta, cuando se inauguró el certamen, empezó siendo un espacio alternativo “de la dominancia del momento que era el realismo social”.
En la década del sesenta continuó con el mismo carácter. Hubo “una oleada de artistas que tenían referentes europeos como (Enrique) Tábara, (Aníbal) Villacís, (Theo) Constante, (Humberto) Moré, que desarrollaron una labor reflexiva en torno al arte”, agrega Álvarez.
Para los años setenta, hubo “un reverdecimiento de la tarea social del arte, con artistas como (Hernán) Zúñiga, León Ricaurte, (Juan) Villafuerte, que modificaron el tema hacia una cuestión social marcada”.
Los años ochenta estuvieron marcados por la “ganancia absoluta de todas las sagas de las versiones más folcloristas, más light, que comprendía el impacto social que causó el fenómeno de Las Peñas”.
Indica que en la década de los noventa salieron artistas de otra camada como Marcelo Aguirre, Marco Alvarado, Xavier Patiño, Marcos Restrepo, que trabajaron la vertiente que ella llama “figuración libre”.
Para la curadora y crítica de arte cubana, los primeros tres años del nuevo siglo del salón “fueron desastrosos, tuvo una versión altamente pluralista”.
Y en la última década, comenta, el certamen ha bajado un poco la guardia, porque “ha ido ablandándose, ha sido menos riguroso, aunque mantiene la tendencia de tener pocas obras”.
El artista Pedro Gavilanes, ganador del segundo lugar del Salón de Julio en los años 2008 y 2009, afirma que esta competencia ha tenido en los últimos años cambios radicales y “eso se lo ha demostrado a través de las obras ganadoras o el criterio de selección”. Para él, esas mutaciones son necesarias porque “al igual que la cultura, el arte también es dinámico”.
Bermeo asegura que el concurso se ha vuelto controversial porque “muchos quieren seguir viendo un concurso tradicional, pero este debe ir de la mano con lo que pasa en la actualidad”.
Hoyos comenta que al hacerse cambios en el concurso es normal que se generen debates, porque “no todas las decisiones que se toman son del gusto de todo el mundo”.
El año pasado se produjo una polémica porque una de las cláusulas de las bases establecía no permitir en el salón obras con contenido sexual explícito.
El artista Alejandro Elías, jurado de la competencia en el 2008, enfatiza que conoce de jóvenes que se preparan con 6 meses de anticipación para participar en el salón “porque quieren proyectar su carrera”.
Marco Alvarado, triunfador del primero, segundo y tercer lugar y mención de honor en distintas ediciones del salón, dice que el certamen “debería convocar a la reflexión, a un debate amplio sobre la problemática artística que es interesante y rica”; sin embargo, para él, no lo logra.
53º edición
Recepción. Desde mañana y hasta el 16 de julio se reciben las 32 obras originales preadmitidas al Salón de Julio.
Admisión. El 16 y 17 de julio, el jurado de admisión escogerá las obras que serán admitidas y que integrarán la la muestra del certamen pictórico, cuya inauguración será el 24 de este mes.
Triunfadores. Del 18 al 20 de julio próximo el jurado de premiación se reunirá para escoger a los ganadores.