Opinión internacional |

NUEVA DELHI
El mundo llegó a los 7.000 millones de habitantes la semana pasada, y creo que conocí a la mitad de ellos en la carretera de Nueva Delhi a Agra, aquí, en India.

Iban a pie, en bicicleta, en motonetas. Iban en picops, automóviles abollados y apretujados en “rickshaws” motorizados. Esquivaban monos, camellos y vacas. De alguna forma, no obstante, sin el beneficio de la policía o los semáforos, este flujo de humanidad que es la India moderna proseguía, increíblemente, con sus actividades. Sin embargo, justo cuando la mente dice que esta aglomeración de personas seguramente aplastará todos los esfuerzos por sacar a la gran masa de India de la pobreza, se empieza a notar un patrón: cada tantas millas hay una torre de telefonía celular y un edificio de aspecto nuevo que sobresale en el caos controlado. Y el letrero en la fachada dice, invariablemente: “escuela” –de ingeniería, biotecnología, inglés, negocios, informática o primaria privada–. India sigue siendo el único país que yo conozco donde se puede encontrar un espectacular letrero en el que se anuncie: “licenciatura en física”.

Todas estas escuelas, más 600 millones de teléfonos celulares, más 1.200 millones de habitantes, la mitad de los cuales tiene menos de 25 años, son la esperanza de India porque solo mejorando la tecnología y los cerebros, India puede darles una mejor vida a sus masas. Hay millones de razones por las que no sucederá, pero hay una muy grande por la que sí podría pasar. Lo pronosticado está sucediendo realmente: los jóvenes tecnólogos de India están cambiando de operar la trastienda de las compañías occidentales, las cuales subcontrataron el trabajo en este país, a inventar la tienda para empresas indias que ofrecen soluciones creativas a bajo costo para los problemas del país. El finado C.K. Prahalad lo llamó “innovación gandhiana”, y encontré muchos ejemplos por toda Nueva Delhi.

Les presento a Vijay Pratap Singh Aditya, el director general de Ekgaon. Su centro de atención son los campesinos indios, que representan la mitad de la población y constituyen lo que él llama “un mercado emergente dentro de un mercado emergente”. Ekgaon diseñó un programa informático que corre en los teléfonos celulares más baratos y ofrece a los campesinos ignorantes un programa de voz o de texto que les dice cuándo es el mejor momento para sembrar sus cultivos, cómo mezclar los fertilizantes y pesticidas, cuándo esparcirlos y cuánta agua agregar cada día.

“India tiene que incrementar la productividad agrícola”, explica Aditya, “pero nuestras granjas son pequeñas y los asesores del Departamento de Agricultura no pueden llegar a todas. Así es que adoptan métodos de oídas para sembrar, lo que lleva a una baja productividad y desertificación del suelo”. Mediante la informática de nube, Ekgaon arma los consejos para el suelo, el cultivo y las condiciones climáticas específicos de cada campesino. Unos 12.000 agricultores ya están suscritos (cinco dólares por un año), y el plan está listo para crecer a 15 millones en cinco años.

Les presento a K. Chandrasekhar, el director general de Forus Health, cuyo centro de atención es “la ceguera evitable” entre los pobres rurales de India. Un cuarto de los ciegos del mundo, unos 12 millones de personas, está en India, explica Chandrasekhar, y más del 80% de ellos lo son como resultado de la falta de revisión médica y de oftalmólogos en las zonas rurales. En el pasado, una exploración integral requería múltiples aparatos de diagnóstico muy caros para detectar retinas diabéticas, cataratas, glaucomas, y problemas de córneas y refracción, todo lo cual causa el 90% de la ceguera evitable en India. Así es que Forus inventó “un aparato portátil, inteligente, no invasivo, preexploratorio” con el que se pueden identificar estos cinco padecimientos importantes, así como proporcionar un informe automatizado con los resultados “normal o necesita consultar a un médico”. Un técnico entrenado lo puede operar, quien, a través de la telemedicina, conecta a los pacientes con un doctor.

“Trabajamos con una compañía holandesa en la óptica, y la Universidad de Texas nos apoya en el desarrollo empresarial”, agrega Chandrasekhar. “Estamos hablando con una compañía brasileña que está interesada en fabricar nuestra tecnología y venderla en Latinoamérica”.

Los subcontratados se están convirtiendo en subcontratistas.

Les presento a Aloke Bajpai, quien, como otros en su equipo joven, empezó su carrera trabajando para compañías tecnológicas occidentales, pero regresó a India por una apuesta de que podría comenzar algo, solo que no sabía exactamente qué. El resultado es iXiGO.com, un servicio de búsqueda de agencias de viajes que puede correr en los teléfonos celulares más baratos y ayuda a los indios a hacer reservas con las tarifas de menor costo, ya se trate de un campesino que quiere ir de Chennai a Bangalore en autobús o tren por unas cuantas rupias o un millonario que quiere viajar a París en avión. iXiGO tiene ahora un millón de usuarios únicos al mes y está creciendo. Bajpai utilizó un programa informático de código de fuente gratuito, Skype y herramientas de Office de base nube, como Google Apps, y márquetin en medios sociales en Facebook para construir su plataforma informática y hacer crecer a su compañía. “Nos permitieron crecer muchísimo más rápido y sin dinero”, notó.

Finalmente está Nandan Nilekani, el exdirector general de Infosys Technologies, el gigante indio de las subcontrataciones, quien ahora dirige un esfuerzo gubernamental para darle a cada ciudadano indio un número de identificación; una iniciativa crucial en un país donde la mayoría de las personas no tiene licencia de conducir, pasaporte o siquiera acta de nacimiento.

En los dos últimos años se han registrado 100 millones de personas para la identificación oficial. Una vez que todos tengan una, el gobierno puede brindarles servicios o subsidios –unos 60.000 millones de dólares cada año– directamente a través de teléfonos celulares o cuentas bancarias, sin que los burócratas ineptos o corruptos malversen una parte.

“Les estamos llevando la tecnología más sofisticada a los más necesitados”, señaló Nilekani. “El mundo hiperconectado nos está dando la oportunidad de cambiar a India con más rapidez, a una escala mayor que nunca antes”.

© 2011 New York Times News Service.