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Fármacos cubanos

En julio, el Incop anunció la convocatoria para la adquisición de 1.500 millones de dólares en 650 medicamentos básicos para satisfacer la demanda del sector público “de aquí a dos años”.

Elevadísimo monto; estimábamos que el sector público consume anualmente alrededor de 200 millones de dólares en fármacos. Las compras abastecerían al sector público por lo menos por cinco años.

En el 2010 se importaron medicinas por 792 millones de dólares, aparte de 335 millones de dólares en insumos para los laboratorios nacionales. El 80% del mercado farmacéutico es privado.

La primera ronda en la licitación está abierta a laboratorios nacionales. La segunda, a extranjeros. En su enlace de agosto 13, el presidente indicó que antes de convocar a concurso se comunicará a Cuba que indique cuántos de esos medicamentos produce, y se comprará directamente, sin concurso. Solo para los que no produzca Cuba se abrirá la ronda a otros proveedores.

El criterio presidencial es que se debe pagar un favor a Cuba y no “seguir beneficiando a las transnacionales farmacéuticas”.

Pero si Cuba produce medicinas tan buenas y a tan bajo costo, ¿por qué no participa en la segunda ronda y supera a las propuestas de las transnacionales, por sus mejores precios?

En ese caso, se beneficiaría no solo Cuba, sino también el Estado, puesto que las transnacionales, para vender, tendrían que bajar el precio.

Ahora, diciéndole a Cuba, te compramos sin que compitas, la alentamos a subir sus precios. Estaríamos subsidiando a Cuba. ¿Es eso lo que se busca? Se trata del pago de la cuota por ser socio del eje La Habana-Caracas? ¿Hacer en pequeña escala lo que hace Venezuela?

El presidente Chávez le entrega a Cuba 100 mil barriles diarios de petróleo a cambio de servicios, entre ellos seguridad personal para Chávez, servicio de inteligencia para controlar a la sociedad civil, programas médicos y de salud, tratamiento del cáncer de Chávez, entre otros.

Esta decisión presidencial resta transparencia a una ya confusa política farmacéutica. Un objetivo es sustituir las importaciones de fármacos, lo cual concita el entusiasmo de los laboratorios nacionales. Para poder producir más medicamentos de excelente calidad, los laboratorios nacionales tendrían que hacer fuertes inversiones. Lo ideal es que tengan contratos con transnacionales para elaborar algunos de sus medicamentos en el país.

Pero el Estado ahora prioriza las compras a Cuba y conforma una empresa estatal, Enfarma, para producir medicamentos cubanos.

Entonces, ¿quién va a sustituir importaciones, los laboratorios privados o el Estatal?

Otro objetivo, muy loable, es bajar precios al consumidor. ¿Es compatible con ese objetivo asegurarle a un proveedor potencial, en este caso el Estado cubano, y antes de saber el precio, que se le va a comprar más de 1.000 millones de dólares en fármacos?

A todo esto se suma un complicado mecanismo de tres regímenes de control de precios: libertad regulada, libertad vigilada y fijación directa.

En el país, los fármacos son más baratos que en Perú, Chile, Colombia y Venezuela, y desde hace varios años no se autorizan alzas. ¿Para qué introducir un engorroso control de precios?

Al presidente no le gustan los mercados libres. Pero el caso fármacos resalta las inconveniencias de un Estado excesivamente intervencionista.

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