Tengo roto el corazón; murió mi héroe. Ansié conocerlo por muchos años pero no fue hasta el año pasado que le pedí que me aceptara en Facebook. Con la sencillez que lo caracterizaba, me aceptó y conversó conmigo en pocas ocasiones. Supo que lo llamaba mi héroe personal. Siempre me gustaba leer sus publicaciones, me llenaban de “lo bueno, lo positivo, lo dulce”. Hoy ya no está. Finalmente y después de algunos años de padecer enfermedades, su cuerpo se rindió.
De las situaciones adversas algunos seres muestran su mejor cara, y eso pasó con Carlitos. Demostró de qué estaba hecho: humanidad.
Los seres humanos somos ingratos por naturaleza… No permitamos que al irse Carlitos, su deseo de encontrar justicia se diluya. Es importante que tengamos en la cabeza y en el alma su caso y el de los otros 20 que fallecieron por culpa de un negligente. Hay que dar espacio a la urgencia de que se haga una ley para que los negligentes que existen en nuestro país no vuelvan a salir impunes.
Publicidad
Yamne Fayad de Villagómez,
Guayaquil












