No hubo lágrimas, ni coros, ni la petición insistente de otra pieza musical. Pero sí una ovación unánime, de pie, por varios minutos. Así despidió el público el concierto académico que la Orquesta Sinfónica de Guayaquil, dirigida por el maestro Davit Harutyunyan, ofreció el pasado lunes en el Palau de la Música Catalana, en Barcelona, prestigiosa sala que esa noche acogió a la delegación ecuatoriana.











