Este, en Guayaquil, se casó con María Manuela de Noboa y Suárez Cabeza de Vaca, dando origen al tronco familiar actual. Se refirió al trabajo de Alfredo Baquerizo Moreno, miembro de la Academia Nacional de Historia, quien ascendió hasta las más altas cumbres del poder; ocupó la Presidencia de la República en 1916 y 1920. “Fue una época de pulcritud para la República”, dijo Noboa. Agregó que Alfredo Baquerizo hizo de la oratoria una “armonía de palabras”.
De Enrique Baquerizo Moreno expresó que este se llegó a convertir en un apoyo para las esferas del gobierno, a todos los que sirvió, también fue jefe del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Guayaquil. Rodolfo Baquerizo Moreno, por su parte, puso su ingenio para lograr el progreso de Guayaquil, agregó Noboa. “Él encaminó la vida de su ciudad, dotándola de los adelantos de otros países, todo gracias a su esfuerzo personal y su clara mentalidad progresista. La modernización del transporte urbano, el parque de diversiones a orillas del estero Salado, los tranvías eléctricos... en fin, solo son ejemplos de lo que pudo lograr un hombre en su afán de servicio.
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“Resulta excepcional encontrar a los tres hijos de José María Baquerizo Noboa y Rosario Moreno de Baquerizo y que todos ellos sin excepción hayan colocado sus nombres a las mayores alturas del talento y el honor”, dijo. El vicealcalde de la ciudad, Luis Chiriboga Parra, calificó a estos tres hombres como “titanes” de la historia.