Tratar de “pelucones” a los que viven en Samborondón, y de burlarse de los que tienen determinados apellidos sonados en el ámbito histórico del país, es algo absurdo y vergonzoso, aun más si viene de un Presidente de la República.

Ya no todos los que viven en Samborondón son ricos, porque ahora muchas constructoras están haciendo casas y departamentos pequeños, no de extensiones y acabados muy lujosos que presentan las mansiones de millonarios, pero eso sí, bien presentados con jardines y piscinas populares, en urbanizaciones cerradas con guardianía y parqueos, que se venden a precios accesibles para gente de clase media sencilla.

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Yo tengo amigos y parientes que vivían en la calle diecisiete, La Chala, y en Durán, que ahora compraron casa en Samborondón, y por eso no quiere decir que se han vuelto ni sean ricos, ni “pelucones”. Y eso de tener apellidos destacados, no significa que sea un delito.

El Presidente, en lugar de perder el tiempo en sembrar el odio entre ecuatorianos, si dice que ama a su patria, entonces que la una y no la divida regando cizaña, burlas de “pelucones”, “aniñados”; ni con pretendidas provincializaciones, eso trae más pugna nacional. ¡Basta ya, y póngase a trabajar!

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Carmiña Paguay de Tinoco
Guayaquil

¿De qué sirve ser inteligente, llenarse de medallas y honores si lo que falla es inteligencia emocional?, aquel sentido que nos lleva a asociar, no disociar; a respetar, no irrespetar; a analizar, ceder, comprender el punto de vista de los demás, y a crear paz en las conciencias y el medio que nos rodea.

Pensando en su conducta, señor Presidente, le sugiero que borre de su memoria todo lo que aprendió en las universidades del exterior, especialmente de los Estados Unidos, e intente que sus familiares abandonen ese país repugnante y dañino como usted piensa que es. Le sugiero destruir esa sonrisa que tiene con ese sarcasmo e ironía que siempre lo acompañan y que algún día lo pueden hundir por el fastidio que generan. Le sugiero olvidarse de abolir el IVA ya que es necesario. Le sugiero incentivar la  producción, no le demos al pueblo pescado, enseñémosle a trabajar, una dádiva cada fin de mes  no eleva su autoestima, lo hace vago y mediocre. Genere millones de fuentes de trabajo para  eliminar la delincuencia, y si esta subsiste, tenga la mano de un García Moreno que a látigo sacó lo malo y puso lo bueno.

Le sugiero que si no es invitado a pertenecer a un club como el de La Unión de Guayaquil, que eso no le da derecho a insultar a los que sí pertenecen y que en mayoría son personas decentes y orgullosas del apellido dado por sus padres.

Martha Jurado Rodríguez,
Guayaquil

Reiteradamente veo cómo el Presidente se refiere en términos denigrantes a los habitantes del sector que conocemos como vía a Samborondón. Muchos de sus residentes escogieron vivir ahí debido a la creciente inseguridad de otras áreas.
Muchos de estos ciudadanos han hechos enormes esfuerzos para pagar sus hipotecas a los bancos. Sin embargo, estos ciudadanos se han convertido en el blanco continuo de un presidente que parece no mirar con buenos ojos el sacrificio, el deseo de una mejor calidad de vida. Según el Presidente, la pobreza es una virtud, pero desde que inició su Gobierno no se lo ha escuchado arengando al pueblo al trabajo fecundo para sacar el país adelante. Al contrario, incrementó el bono de la pobreza y se ha mantenido llamando a la población a alzamiento constante.

Por mi cuenta, yo no sé de becas; a mis 46 años todavía estoy pagando los préstamos que me permitieron obtener mis títulos en una de las mejores universidades privadas de Estados Unidos. Presidente, en vez de aumentar la ayuda social, cree las condiciones para que la mayoría de ecuatorianos pueda desarrollar sus capacidades y autoestima buscando comodidades y por qué no, fortuna. Si no, pregunte a su familia que vive acá, cuántos trabajos tienen para poder mantener el estándar de vida que gozan. Conozco a mucha gente que hace 20 o 0 30 años experimentaban talvez más pobrezas que las que usted y su familia experimentaron, y decidieron dar su mejor esfuerzo, y hoy tienen el bienestar y las riquezas que usted tanto detesta. Estas “gentes maravillosas” pueden ver a sus hijos a la cara y de la misma manera exigirles su mejor esfuerzo.

José Matamoros,
Samborondón