Martes 09 de marzo del 2004 Cultura

Luis Crespo Ordóñez falleció en Madrid

BARCELONA, España | Jaime Cevallos para EL UNIVERSO

El pintor ecuatoriano, originario de Cuenca,  tenía 99 años y vivía desde 1971  en España.

El artista ecuatoriano Luis Crespo Ordóñez falleció la madrugada del pasado domingo en Madrid a los 99 años, informó la Embajada de Ecuador en España. Crespo Ordóñez, quien desde 1971 residía en Madrid, se mantenía unido sentimentalmente a su natal Cuenca, ciudad que por sus méritos artísticos le había concedido en el 2000 la condecoración de Santa Ana de los Ríos.

El maestro cumplió un papel fundamental en la creación del Museo de Arte Contemporáneo de Cuenca, al que donó buena parte de su obra pictórica, razón por la cual una de las salas lleva su nombre.

Crespo Ordóñez solía afirmar que aunque era viejo, no se sentía viejo, y de manera enfática sostenía que “el arte, si es bien amado, le ofrece a uno generosa recompensa: le mantiene siempre joven, es decir, fecundo, creador”.

Nacido en Cuenca, el 12 de julio de 1904, Crespo Ordóñez se introdujo en la pintura desde muy niño gracias a los consejos de un veterano profesor de Bellas Artes de su colegio. A principios de la década del veinte, el Municipio de su ciudad le otorgó una beca para estudiar en Quito, y poco después, a los 26 años, el Gobierno del Ecuador le dio una beca para que profundizara y ampliara sus estudios plásticos en Europa.

La Embajada de Ecuador explicó que el maestro desplegó una intensa labor en Europa, ya que en el transcurso de sus recorridos por Holanda, Francia y España entró en contacto con los clásicos, especialmente los de los museos  del Louvre y el Prado, que influyeron notablemente en su creación artística. En 1937 cuando España se desangraba en plena Guerra Civil, Crespo Ordóñez volvió al Ecuador. Dos años más tarde se trasladó a los Estados Unidos, donde permaneció hasta 1971 en que viajó a España para fijar su residencia definitiva.

Del ahora fallecido, el poeta español José Hierro dijo que su obra nacía de la sorpresa. “Se sentía como un recién llegado para el que todo es nuevo y maravilloso, descubría cada día grandes prodigios, porque para él no hay diferencia jerárquica entre una hormiga y una puesta de sol, entre una flor o una constelación”.

Los restos del maestro Crespo Ordóñez fueron incinerados ayer en una ceremonia a la que asistieron el embajador del Ecuador en España, Francisco Carrión Mena, así como amigos y representantes de instituciones culturales y artísticas con las que estaba vinculado.


 

 

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