No son más de una decena, pero este puñado de grafiteros trabaja con empeño para dar vida a los sombríos muros de Ammán y sortear los tabúes de una sociedad conservadora para que su arte encuentre su lugar en Jordania. Desde que empezaron a aparecer, hace unos 10 años, los grafitis se multiplicaron en el centro de la ciudad y especialmente en Yabal Ammán y Yabal al Lueibdé, dos de los barrios más antiguos de la capital jordana, habitados principalmente por extranjeros.
















