Dr. Eduardo Santillán
Ph.D. Neuropsiquiatra-Terapeuta

Para ciertos matrimonios o parejas tener un hijo adoptado significa una decisión de solidaridad, pero para otros representa levemente una forma, un camino, una manera elegida para ser padres y formar una familia. Recordar siempre que un hijo será siempre un hijo, sea cual sea el lugar o la circunstancia de su nacimiento. Adoptado o no, los niños necesitan mucho amor. Los padres de niños adoptados llegan a sentirse en ciertos momentos desorientados, culpables, y superados por reacciones, comportamientos y conductas de los menores, que no pueden entender. Dichas dudas y preocupaciones es necesario asumirlas con cautela e incluso en ocasiones acudir a la ayuda de un especialista.

Es primordial en primera instancia conocer al máximo la historia veraz del pequeño, así sabremos a qué situaciones nos estaremos o estamos enfrentando. Lo que significa que debemos enterarnos sobre sus antecedentes familiares y todos los datos posibles sobre su estado de salud. Un niño cuya madre, por ejemplo, fumó, bebió o se drogó durante el embarazo presentará más problemas de adaptación y mayores dificultades para relacionarse con los demás o cuando la madre tuvo mucho sufrimiento psíquico (depresión, ansiedad, angustia, obsesiones, desorden bipolar o alguna dificultad psiquiátrica).

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Además, si hemos tenido la oportunidad de ver el entorno donde vivía, e incluso de tratar a las personas que lo cuidaban, más preparados estarán para afrontar la adopción. Es primordial desarrollar empatía hacia el niño. Los nuevos padres deben ser conscientes de que no se trata del hijo biológico que no han podido tener, sino de un niño diferente, con una historia previa... (O)