Dedicándose a ofrecer sus dolores y angustias, la santa Liduvina se dedicó a meditar en la pasión y muerte de Jesús desde sus quince años. Por ella, ayer se recordó a la santa declarada por la Iglesia católica como patrona de los enfermos crónicos. Ella vivió postrada en una cama hasta su fallecimiento, en 1433.

El 14 de abril de ese año, día de Pascua, la santa holandesa se encontraba en una contemplación profunda y por una visión presenció a Cristo dándole la unción de los enfermos. A los pocos minutos falleció, pero antes pidió que su casa se convirtiera en hospital de pobres, citó el portal aciprensa.

Según relatos, su muerte convirtió su tumba en un sitio de peregrinaje y al año siguiente se construyó una capilla sobre ella.

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Esta santa nació en Schiedam (Holanda) el 18 de abril de 1380 en el seno de una familia humilde. Sufrió un accidente a muy temprana edad que dañó severamente su columna vertebral y le provocó diversas enfermedades crónicas que se agudizaron con el paso del tiempo.

Pese a su tristeza y cuestionamientos de por qué Dios permitía su sufrimiento, al conocer al párroco de su pueblo, el padre Pott, entendió que que Dios siempre “ama más a los hijos que más hace sufrir”.

De él recibió un crucifijo, le pidió que siempre recuerde la cruz y se compare con Cristo, pues “debe ser que el sufrimiento lleva a la santidad”.

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A los 12 años, de iniciado su padecimiento, empezó a tener éxtasis y visiones. Hasta los 38 años sufrió dolores inimaginables de la cabeza a los pies –una llaga le fue destrozando la piel–, pero con una alegría incuestionable por entregar todo a Cristo, cita el portal aciprensa.

Tras largos meses de dolores, Liduvina empezó a meditar y pidió que le diera valor y amor para sufrir como él por la conversión de los pecadores y la salvación de las almas.

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A diario se alimentaba solo con la comunión, según un documento firmado por las autoridades civiles de Schiedam que data de 1421, en que se narra además que nunca dejó de orar pese a sus incesantes dolores.

En 1890, León XIII declaró la aprobación oficial de la Iglesia sobre su veneración. Por testimonios de sacerdotes se extendió su veneración. (I)