Una aventura, un reto, un desafío es lo que se proponen los pilotos del Impulse Solar 2 (SI2), el avión que emprendió la vuelta al mundo sin una sola gota de carburante. Viajará unos 35.000 km, previstos en doce etapas y cinco meses de duración, a una velocidad modesta (entre 50 y 100 km/h).

Demostrar que es posible recorrer largas distancias usando energías renovables y transmitir un mensaje político sobre la importancia de las tecnologías limpias son los objetivos.

El SI2, que inició su periplo el pasado lunes en Abu Dabi, cumplió ayer su segunda etapa y aterrizó en India, batiendo un primer récord de distancia.

La vuelta al mundo, a 8.500 metros de altitud como máximo, durará cinco meses, de los cuales 25 días serán de vuelo efectivo, antes de su regreso a Abu Dabi, entre fines de julio e inicios de agosto.

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La nave en la que surcarán los cielos oceánicos soportará temperaturas de 40 y -40 grados centígrados.

También es un desafío físico y psicológico para los dos pilotos de la misión y fundadores de la aeronave, Piccard y André Borschberg.

Ambos se van a relevar durante cinco meses al mando del aparato monoplaza e insistieron en el “desafío humano” que representa viajar a una velocidad de tortuga.

El piloto debe permanecer durante horas en una cabina exigua no presurizada.

“Técnicamente tenemos un avión que puede volar noche y día, con una resistencia prácticamente infinita”, explicó el piloto. “Tenemos un avión sostenible del lado de la energía. La cuestión es cómo hacer ‘sostenible’ al piloto cuando tenga que sobrevolar el océano durante una semana”.

La etapa más larga, de Nankin (China) hasta las islas Hawái, en el Pacífico, debe durar cinco días. (I)