Facultar es dar autoridad o poder a una persona para que haga algo. Este verbo se construye con un complemento directo de persona (no de cosa).
Dependiendo del contexto estas grafías pueden ser nombres propios o comunes, y como tales deben cumplir con las normas ortográficas.
En el lenguaje espontáneo suele diptongarse la segunda persona del imperativo del verbo traer, de tal manera que se dice, por ejemplo, «traime el libro», «traime las compras», «traime las sandalias»; pero estas construcciones no son apropiadas.
En la actualidad hay dos sistemas para escribir la expresión de la hora.
Aunque estas frases resultan redundantes, los adverbios «arriba» y «abajo» aportan información que puede ser necesaria para el contexto.
Esta secuencia preposicional se emplea con el significado de ‘en busca de’.
Este es un caso de tilde diacrítica o distinguidora. ¿Y en qué palabras se emplea esta tilde? Ya lo hemos analizado en columnas anteriores: se usa para establecer la diferencia entre dos vocablos que tienen igual forma pero diferentes significados y funciones gramaticales.
En el Diccionario de la lengua española (2014) y también en la versión electrónica se recomienda la tilde en esos vocablos cuando la frase resulta ambigua, es decir, cuando transmite más de una idea. No obstante, hay que considerar que el contexto siempre descarta cualquier ambigüedad o anfibología.
Para referirse a estos pequeños saurios o reptiles suelen usarse de manera indistinta los dos nombres.
Esta frase no está bien construida, pues el adverbio «más» se debe emplear con adjetivos que tienen grado positivo y que transmitan propiedades graduables.

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