Tan ancestral como las historias colonial y republicana, Ecuador y Colombia han tenido una relación muy fluida, controversial a ratos, así como de confrontaciones armadas fugaces cuando, en el siglo XIX, cada cual tomó su destino ante la fallida Gran Colombia que obligó a marcar límites. Pero, sobre todo, la relación Ecuador-Colombia, países del mismo origen y la misma bandera, ha sido de hermandad.
Por eso que se ha vuelto inadecuado, incómodo, que un presidente como el colombiano, Gustavo Petro, opine con dureza de acciones y decisiones judiciales y gubernamentales del Ecuador, en una injerencia que el Estado ecuatoriano considera afectación soberana, tal como se la ha expresado en una carta surgida luego que el mandatario vecino llamase “preso político” al varias veces sentenciado por corrupción el exvicepresidente Jorge Glas, a quien en un capítulo extraño, por decir lo menos, le otorgó ya la nacionalidad colombiana.
Está fresca y vigente la decisión del Gobierno ecuatoriano de subir los aranceles en la frontera común con Colombia, como medida de presión para que sus fuerzas del orden controlen ese otro lado del límite donde han vuelto a incrementarse los sembríos de coca, que al transformarse en cocaína, ahora busca salida hacia los mercados de alto consumo por Ecuador. La respuesta fue una medida recíproca.
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Petro, hombre de izquierda, de un radicalismo que lo llevó en su momento a la guerrilla, parece actuar ideológicamente en estos desencuentros con el Ecuador.
Ecuador envía a Colombia una nota de protesta por declaraciones de Gustavo Petro sobre Jorge Glas
Hace poco acusó sin pruebas a las Fuerzas Armadas ecuatorianas de haber lanzado una bomba en su territorio limítrofe, y luego sus propios militares lo desmintieron. Ahora se la juega por un coideario detenido y judicialmente sancionado y ha sido recientemente crítico también de las acciones de seguridad tomadas por el Gobierno de El Salvador, gobernado por otro de los que considera sus adversarios ideológicos. Esperemos que esos capítulos de defensa ideológica no terminen afectando la invaluable historia de Colombia con sus vecinos latinoamericanos. (O)


















