Con la intervención de EE. UU. en Venezuela para arrestar a Nicolás Maduro, se inicia un largo y complejo proceso de transición, ojalá hacia una democracia liberal. Para que eso se convierta en una realidad es necesario restaurar al menos una semblanza de Estado de derecho y el respeto al derecho de propiedad de los venezolanos.
Según las declaraciones de autoridades estadounidenses, las prioridades son garantizar la estabilidad política y económica del país, conforme se restaura el sector petrolero, la democracia y se reduce significativamente la influencia de sus principales rivales en el escenario global. Líderes de opinión y de la oposición venezolana, como Ricardo Haussman y María Corina Machado, tienen razón en señalar que no se logrará revivir el sector petrolero sin una democracia liberal y seguridad jurídica.
Machado entiende que el petróleo en manos del Estado es un riesgo para la democracia venezolana. En su discurso de aceptación del Premio Nobel dijo que “la concentración total de la renta petrolera en manos del Estado generó incentivos perversos y le dio al poder gubernamental un control inmenso sobre la sociedad, que terminó traduciéndose en privilegios, clientelismo y corrupción… La riqueza petrolera no se usó para liberar, sino para someter”. Por esta razón, propone privatizar las actividades de la industria.
Pero hay todavía un mayor poder estatal para controlar la sociedad y es aquel que tiene el Banco Central de Venezuela con el bolívar. A inicios de diciembre de 2025, The Wall Street Journal reportó que a los venezolanos más les preocupaba la inflación que una potencial invasión de EE. UU. Según Cedice, la inflación anual en bolívares llegó a 909 % en diciembre de 2025. El FMI, por su parte, estima que la inflación en 2026 llegará a 682 %. Según cualquiera de las estimaciones independientes disponibles, la inflación es un problema que continúa afligiendo la economía, incluso después de un episodio de hiperinflación que duró 25 meses entre 2016 y 2018.
Los venezolanos han reaccionado a la destrucción del bolívar dolarizándose de manera espontánea. El régimen de Maduro relajó la persecución del uso de dólares para aliviar un poco la crisis económica. Para septiembre de 2025, 58 % de los depósitos en la banca estaban en dólares. Una encuesta de Datincorp realizada en 2017, cuando Venezuela todavía se encontraba en hiperinflación, encontró que 79 % de los venezolanos no confían en el Banco Central de Venezuela, 62 % favorecían abandonar el bolívar por el dólar y 59 % respaldaban eliminar el banco central.
Varios países han realizado una transición desde una moneda en caída libre hacia una moneda sólida. Dentro de Latinoamérica hay dos ejemplos: aquel del entonces Departamento del Istmo (hoy Panamá) que se independizó de Colombia después de la “guerra de los mil días” y decidió curarse en sano de la mala moneda adoptando el dólar desde su incepción, y aquel de Ecuador que abandonó el sucre por el dólar en enero del 2000. Otros ejemplos son aquellos de Kosovo y Montenegro, que abandonaron el dinar yugoslavo por el marco alemán y, posteriormente, el euro. En todos los casos mencionados, la inflación quedó como algo del pasado y se inició una importante recuperación. (O)