Estando próximo el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, es oportuno celebrarlo dando la bienvenida al libro titulado La audacia de los sueños, de la autoría de la abogada Anunzziatta Valdez, quien ha dedicado parte de su vida a defender, desde muchos espacios, los derechos de la mujer, y a bregar, duramente, por que se establezca la equidad de género en nuestro país, contando para ello con la ayuda de muchas féminas que se le unieron en el camino y también de hombres que la apoyaron en esta gesta que aún no termina, pero que ha ido marcando hitos de triunfos, algunos de los cuales expondremos luego.
Menester es decir que este libro no solo recoge las batallas y logros de la autora, sino que revela su vida misma y la de su familia, dividida en capítulos, desde su infancia, en que nos lleva a entender el porqué de su posterior accionar en este difícil trajín de vivir, ser estudiante, consorte, madre, profesional y guerrera incansable para conseguir un mejor y justo trato para las mujeres no solamente en el campo legal, sino en todos los órdenes de convivencia social. Como dice ella: “No es una autobiografía en el sentido clásico, sino una narración viva, tejida con recuerdos, testimonios y documentos que espero sirvan como semillas de reflexión, memoria histórica de los logros alcanzados y una guía para las nuevas generaciones comprometidas con la transformación social”. Y, quizás, este es el llamado más importante de este testimonio que transmite un mensaje, especialmente a los jóvenes, a quienes invita a comprometer un poco de su existencia para lograr una sociedad justa y solidaria, sin brechas de ningún género.
Antes las mujeres estaban sujetas a la patria potestad hasta que se casaban y pasaban a estar bajo la potestad marital, es decir, que las representaba el marido cualquiera que fuese su edad, hasta 1936, en que fueron liberadas; pero subsistía la facultad de este para administrar sus bienes y autorizar su salida del país, estando impedida de ejercer el comercio, comparecer a juicio y ser testigo en cualquier proceso o en el otorgamiento de escrituras públicas, y tener sobre los hijos los mismos derechos que el padre. Por las reformas al Código Civil alcanzadas en 1978 se eliminaron estas aberraciones. En 1994 Anunziatta logró también la creación de las comisarías de la Mujer y la Familia, para que se procesen los actos violentos cometidos por los varones en contra de ellas y puedan denunciarlos, lo cual les estaba prohibido. Como el discrimen también era político, en el 2000 se aprobó la ley por la cual se volvió obligatorio incluir la paridad de género en las listas electorales. En ese mismo año se incorporó a las mujeres a las filas de la CTG, así como el ingreso de estas en las tres ramas de las Fuerzas Armadas y su incremento paulatino a la Policía Nacional; la expedición de la ley de reducción de penas para los privados de libertad; la ley de fomento de programas sociales, la creación del Foro de Mujeres Parlamentarias Ecuatorianas; la ley para personas con discapacidad; y la elaboración del primer Manual Parlamentario Ecuatoriano en el 2003.
Gracias, Anunziatta, sin tu audacia los sueños hubiesen sido solo sueños. (O)