En su libro Violent Saviors: The West’s Conquest of the Rest (Salvadores violentos: la conquista por Occidente del resto), William Easterly rastrea la lucha persistente de los liberales por el derecho a la dignidad inherente a cada individuo. El libro rescata la tradición del pensamiento liberal que cuestionaba la conquista sin el consentimiento de los conquistados: desde Adam Smith hasta Frederick Douglass y luego pensadores del siglo XX y XXI, pasando por William G. Sumner, Milton Friedman y otros más recientes como Dambisa Moyo.
Por dignidad, Easterly dice que se refiere al deseo de cada persona a conducir su propia vida y agrega que el término moderno para esto es “agencia”. Los liberales rara vez utilizaban esta palabra, sino que más bien reclamaban “consentimiento, libertad, democracia, autodeterminación, voz, libertad individual, el consentimiento de los mandantes, igualdad de derechos y la libertad para elegir”.
Easterly dice que “Smith y sus herederos mostraron cómo el progreso no tenía que ser a costa de otro. Argumentaron que el progreso material por sí solo no era suficiente”. Los liberales tenían un compromiso moral con el consentimiento. En cambio, el marqués de Condorcet y sus herederos han solido argumentar que era deber de Occidente desarrollar al resto, con o sin consentimiento.
Easterly relata cómo muchos adscritos a la corriente paternalista de Condorcet se valieron del “Derecho de Conquista del Resto” para defender la esclavitud, la eliminación y/o desplazamiento forzado de las poblaciones indígenas. Del otro lado del debate, liberales como el abolicionista Frederick Douglass –quien había escapado de la esclavitud– veía a los afroamericanos demandando los derechos que se merecían en lugar de esperando salvadores blancos. Easterly explica que “Douglass prefería derechos sin planes a los planes sin derechos”. Douglass se percató de que el paternalismo facilitaba el retroceso de la igualdad de derechos.
Luego, Easterly destaca a William Graham Sumner, quien se opuso a la conquista de las Filipinas. Luego de un linchamiento de un afroamericano en Carolina del Sur en 1898, Sumner preguntaba cómo podían los estadounidenses afirmar que estaban llevando el buen gobierno a los filipinos cuando ellos mismos no podían garantizar “la vida, la propiedad y la búsqueda de la felicidad a los negros dentro de Estados Unidos”. Estos dobles estándares en torno a la libertad terminaron ayudando la propaganda de líderes totalitarios como Vladimir Lenin, Ho Chi Minh, entre otros.
Easterly luego destaca a Isaiah Berlin, quien resaltó que los “expertos científicos” creían que tenían la mejor respuesta a todos los problemas morales y políticos y trataban a los demás como incapaces de tomar decisiones. El problema era que cualquier gobernador podía jactarse de ser el experto racional imponiendo sus soluciones a la fuerza. Por lo tanto, decía Berlin, “ese argumento fue utilizado por cada dictador, inquisidor y matón que busca una justificación moral de su conducta”.
Easterly señala que el poder de la intervención estatal, si bien suele ser percibido y vendido como una herramienta para hacer el bien también ha servido para cometer abusos y perjudicar los derechos fundamentales de quienes se pretendía beneficiar. (O)










