Pasamos los días consumiendo, en buena medida, lo que los bots quieren que consumamos. En el trabajo, el colegio, la universidad, un parque o el supermercado. También en el cine, el teatro o en el estadio (sí, en lugar de ver el espectáculo por el que he pagado, no nos despegamos de la minipantalla del celular). Y eso sería buena noticia si en realidad fueran rutinas de información que alguna utilidad tendrían luego, pero no, se trata de avalanchas de fake news y meme news que de poco o nada nos sirven, y en muchos casos alimentan nuestra negatividad natural (científicamente comprobada) o nos divierten al desconectarnos de manera jocosa de realidades adversas en el día a día.

En ese orden de ideas, hoy más que nunca hay que tomar en serio la tarea audiovisual, individual o mediática, porque esa dependencia de la pantalla pequeña y portátil no va a detenerse, por lo contrario, tiende a multiplicarse. Ya los gurús de la información digital han sido claros sobre el presente, en este 2026: el video estará en el centro de todo lo informativamente efectivo. Más aún, se habla fuertemente de que el 2026 será el año de los videoperiodistas y aquel que se resista a la transformación, perderá la relevancia que pudiese tener o requerir para mantenerse vigente. Y el Mundial de Fútbol que se aproxima, por ejemplo, será una gran oportunidad.

YouTube parece consolidarse de una vez por todas como la nueva televisión, a la que todos los otros formatos, impresos, pódcast, etc., están hace rato invitados, sin horarios rígidos para ver lo que nos interesa y por ende, sin horas de cierre que pendan de nosotros como una espada. Cada vez con mayor tendencia hacia el formato largo, dejando el corto para quien ahí reina, TikTok, que por suerte ya rebasó la etapa de los bailes y los zapatos de colores como razón de ser de su contenido.

Pero corto o largo, los formatos no servirán de nada si al mismo tiempo no hay preocupación por crear comunidad. Sanas, por cierto. A las que les guste ser impactados, pero por la calidad y pericia de un trabajo audiovisual y no por una mala noticia muchas veces manipulada.

Una comunidad que vuelva a saborear los placeres del verdadero contenido y no permita que le traten de inocular a las bravas cualquier trabajo audaz de inteligencia artificial (IA) que, como era de temerse sobre todo en lo comunicacional, está siendo utilizada más para el mal que para el bien.

Y aunque los expertos informáticos no se cansen de decir que la IA no es algo realmente supernuevo, al tiempo que advierten sus limitaciones y riesgos, estamos en días en que cualquiera acumula información para hacerla ver como propia al encargarle su curaduría más a un algoritmo sin emociones ni sentimientos que a un ser humano. Y en la web, como si fueran los bajos de Radio Cristal (tradicional sitio de enganche laboral popular), hoy abundan los autores y consultores que hablan, opinan y hasta asesoran a medios, a pesar de que lo más cerca que han estado de uno de ellos ha sido la acera de enfrente.

El video en el centro de todo. Signo de los tiempos. ¡Aprovechémoslo! (O)