En un contexto regional y global marcado por tensiones que afectan la confianza y el comercio, la integración andina resulta estratégica. Por más de cinco décadas, la Comunidad Andina ha impulsado avances como la zona de libre comercio y el desarrollo de iniciativas en seguridad, comunicaciones y energía, entre otros.
Sobre la base institucional, uno de los principales logros de la Comunidad Andina ha sido la expansión del comercio intracomunitario, destacando por su volumen y calidad. El 82,9 % corresponde a productos manufacturados, reflejo de una gran diversificación productiva. Se han fortalecido cadenas de valor, impulsado la industrialización y generado empleo en sectores clave de los países miembros.
En el contexto actual, es importante observar el intercambio entre Colombia y Ecuador, dada la coyuntura en materia de seguridad fronteriza entre ambos. En 2024, Colombia registró exportaciones intracomunitarias por $ 3.197 millones, beneficiando a cerca de 3.540 empresas. Por su parte, Ecuador alcanzó exportaciones por $ 2.033 millones, con alrededor de 1.220 empresas exportadoras. En ambos casos, predominantemente mipymes. En las zonas de frontera, el flujo anual de cerca de 350.000 toneladas de productos colombianos y 690.000 toneladas de productos ecuatorianos sostiene la actividad de empresas y comunidades, dinamizando la economía y fortaleciendo la integración entre territorios y ciudadanos.
Como han advertido gremios empresariales, las disrupciones en estos flujos vienen generando pérdidas superiores a $ 340 millones y caídas de más del 70 % en el comercio bilateral entre ambos países; ello ha causado que más de 2.600 empresas colombianas y 2.000 ecuatorianas se vean directamente afectadas.
En Colombia, Putumayo registra pérdidas cercanas a $ 21 millones mensuales y en Nariño más del 90 % de los transportistas reporta caídas. En Ecuador, Carchi tiene hasta 6.500 empleos en riesgo. En el corredor Ipiales-Tulcán, donde circulaban cerca de $ 5,5 millones diarios, la actividad logística se ha contraído significativamente, con el crecimiento del contrabando de hasta un 70 %. Estas dinámicas evidencian la necesidad de preservar la previsibilidad del comercio intracomunitario. Todo ello refuerza la necesidad de abordar de manera enérgica y coordinada los desafíos de seguridad y la lucha contra el narcotráfico, pero sin afectar el comercio regional, ya que un enfoque distinto puede resultar contraproducente para todos.
En este contexto, la Secretaría General considera constructivo que ambos países hayan recurrido a la Comunidad Andina. Actualmente se analizan conforme a la normativa andina seis casos recíprocos sobre presuntas medidas que afectarían el comercio intracomunitario –gravámenes, restricciones fronterizas y posibles incumplimientos en transporte y energía–. La Secretaría General espera realizar los pronunciamientos correspondientes a estos casos en los plazos establecidos.
Preservar y fortalecer la integración andina no es una opción, sino una responsabilidad compartida. Asumámosla conjuntamente. (O)