No voy a hablar de un hecho deportivo ocurrido hace una semana, sino de algo peor, hace una semana y un día, en la segunda vuelta electoral de las elecciones peruanas, en las que por un margen tan pequeño que una maniobra de conteo puede revertirlo, triunfó el candidato del movimiento Perú Libre, Pedro Castillo. De entrada, el nuevo presidente da una pobre impresión, su lenguaje es simple, su discurso repetitivo y demuestra que, como se sabe, su concepción de la vida pública es elemental. Se ha generado un importante cambio en el perfil del candidato populista en los países andinos, se pasó del caudillo mestizo ilustrado, cuyo entronque con el pueblo se daba a través de promesas, a la identificación social. No basta que el líder ‘ayude al pueblo’, sino que ahora se quiere que ‘sea pueblo’. Castillo cumple cabalmente con ese requisito, como lo hace Evo Morales. Para este propósito, mostrar poca educación es una ventaja porque acentúa ese sentido de integración total con la gran masa.

El movimiento Perú Libre en sus enunciados se parece a otros partidos seguidores del socialismo del siglo XXI. Durante la campaña moderaron sus propuestas, sin embargo, es el único partido de esta tendencia que se califica de marxista leninista, con el añadido, ‘mariateguista’, es decir, seguidor del ‘Amauta’ José Carlos Mariátegui, fundador del Partido Comunista Peruano. Esto enciende las alarmas, el movimiento Sendero Luminoso, que durante más de una década ensangrentó su país con una guerra terrorista de dimensiones inéditas, se llama en realidad Partido Comunista del Perú, pero se le conoce por el primer nombre porque en sus primeros manifiestos llamaba a seguir ‘el sendero luminoso’ de Mariátegui. A lo que se debe añadir la cercanía de Castillo y su gente a grupos ligados al senderismo, como el Movimiento por la Amnistía y Derechos Fundamentales (Movadef). No sorprendería que, de consolidarse el triunfo de Perú Libre, dentro de unos pocos meses una amnistía beneficie a los presos de esa tendencia, entre los cuales está el ‘Presidente Gonzalo’, Abimael Guzmán, fundador de la peligrosísima banda.

Como en todos los gobiernos de esta tendencia, al aplicar sus ideas el derrumbe económico será forzoso y olas de emigrantes tratarán de entrar a países vecinos, entre los que, si no me equivocó, está Ecuador. Para el país recipiente estos fenómenos provocan desórdenes de todo tipo. Las víctimas de estas situaciones son los propios migrantes, que viven realidades atroces, pudiéndose decir que tal situación constituye una catástrofe humanitaria. Por otra parte, ya hay dirigentes políticos ecuatorianos que se han declarado ‘mariateguistas’, entre los cuales algunos de los que encabezaron el levantamiento del ‘Octubre Negro’ de 2019. No será difícil que establezcan vínculos con sus coidearios que desde el próximo mes tendrán el poder en Perú. Envalentonados con este espaldarazo político, los veremos marchar otra vez sobre las ciudades ecuatorianas. El 6 de junio perdimos con Perú. El conjunto de amenazas es de una dimensión tal que podría echar a perder la posibilidad de que Ecuador retome la senda de la recuperación y el crecimiento. (O)