En octubre, Trump amenazó a Colombia con un arancel masivo si no cerraba de inmediato las operaciones de cocaína. El miércoles, Noboa clavó una tasa de 30 % a las importaciones colombianas para financiar la lucha contra las mafias colombianas que exportan cocaína a través del territorio nacional. Bogotá replicó y la crisis escaló.
Doce horas antes, Petro había reclamado a Ecuador que le entreguen a Jorge Glas, al que le concedió nacionalidad colombiana en septiembre. La incontinencia tuitera ha metido a Petro en más de un problema.
Petro se reunirá con Trump en febrero 3 para salir del agujero en que se metió al pedir que las FF. AA. de EE. UU. desobedezcan a Trump, y para convencerlo que sí está combatiendo el narcotráfico. La tasa trumpiana de Noboa entra en vigencia dos días antes y deja sin piso al presidente colombiano. El cálculo sería que la tasa es necesaria para concitar la atención de Trump, que no se centre en Venezuela, y que fuerce a Petro a detener el tráfico por la frontera sur.
Petro se posesionó en agosto 2022 y declaró la “paz total” con los disidentes de las FARC. En mayo 2025 acordó una zona de “ubicación temporal” cerca de la frontera para los Comandos de la Frontera, que cometen ilícitos del lado ecuatoriano y se retiran a la impunidad en su país. FF. AA. nacionales señalan que cuando piden a sus similares colombianas una acción de “yunque y martillo” con las bandas criminales, responden que la “paz total” lo impide.
Para el secretario general de la CAN, los argumentos de Ecuador son de seguridad, lo que no justifica los aranceles, y convoca a un diálogo en Lima antes de que entren en vigencia los aranceles recíprocos.
Secretario Gutiérrez, levante la vista de los manifiestos aduaneros y enfrente la realidad. Desde 2022 los cultivos de coca han crecido y tecnificado, sobre todo en el Putumayo, y la producción de cocaína se ha más que duplicado a 3.000 toneladas. Se trata de un cultivo de exportación que se industrializa y envía al mercado externo, al menos el 40 % a través del Ecuador. La U. de los Andes estima el valor de estas exportaciones en $ 15.000 millones, por lo que pasarían por Ecuador unos $ 6.000 millones. Eso lo constituye en el tercer rubro de exportación que sale del Ecuador, ligeramente por debajo del petróleo y camarón, aunque es exportación colombiana. Para la CAN, eso no es comercio exterior.
Los narcos colombianos contratan personal y subcontratan pandilleros locales, creando una explosiva expansión del crimen organizado, privando al Ecuador de la paz.
La escaramuza arancelaria no llegará a guerra: se solucionará antes. El costo de lo contrario sería muy elevado para ambos países. La energía colombiana no es imprescindible hoy, pero sí la requerimos en el mediano plazo. Si los aranceles perduran, los importadores de lado y lado buscarán nuevos proveedores en terceros países. La Cámara de Industrias de Guayaquil observa que los aranceles desordenarán el mercado formal y habrá un auge del contrabando, por lo que urge una negociación.
La crisis bilateral no podría durar más allá de agosto, cuando Petro será relevado. El escenario se perfila como el de Chile: que el candidato del socialismo del siglo XXI pierda en la segunda vuelta. Se reanudarían las relaciones fraternales. (O)