El pasado jueves, 22 de enero, el expresidente colombiano Álvaro Uribe Vélez visitó el Ecuador, solamente durante ese día, para dictar una conferencia magistral sobre liderazgo y manejo de crisis, en la sede de la Universidad de Especialidades Espíritu Santo (UEES), la cual lo invitó al país.
Su disertación fue una muestra de sabiduría, experiencia y profundo amor a su país. Mostró también su gran apego a los principios democráticos, a la institucionalidad y a la prevalencia de la justicia sobre la impunidad. Nos recordó la importancia del ejercicio de la autoridad y las características de un liderazgo auténtico para el sostenimiento de una sociedad ordenada y con esperanzas de progreso.
Los méritos intelectuales políticos y de liderazgo de Álvaro Uribe son inmensos. Sin embargo, si en pocas palabras hubiese que resumir su trayectoria, se la podría compactar con la siguiente frase: “Les devolvió Colombia a los colombianos”.
Recuerdo personalmente el Medellín de los años 70. En mi primera visita, hecha a amigos extraordinarios de esa tierra, me sorprendía que en las reuniones sociales a cada momento las personas se acercaban a la ventana. Era para ver si se les estaban robando el auto. Luego vino la escalada de violencia, que todo el planeta conoce, y que terminó con hechos como el derribamiento de un avión de Avianca por parte de la guerrilla, el asalto a la Corte Suprema de Justicia, y la toma de dicho edificio por parte de los movimientos subversivos, la destrucción sistemática de torres de transmisión eléctrica, y tantos otros hechos, que hicieron que los colombianos honestos y trabajadores, que son la inmensísima mayoría del país, estuvieran secuestrados por una minoría, talentosamente mala, y que se había apoderado de Colombia.
Con un liderazgo claro, Uribe sacó adelante a Colombia, logró contener y minimizar el impacto de las actividades terroristas y del narcotráfico, y les devolvió entonces a los colombianos la capacidad de transitar por su país y de recuperar la libertad de sentirse nuevamente dueños de su patria.
El régimen presidencialista depende mucho del carácter y de la ideología y forma de actuar del presidente. No es que en el régimen parlamentario no sea importante la figura del primer ministro o de su equivalente, pero en el régimen presidencialista no se le encarga a un partido la conducción del país para que este, en una alianza del parlamento, designe al primer ministro como es en el régimen parlamentario. En el presidencialista hay un encargo, un mandato directo, que entrega a una persona, aunque no tenga un solo diputado en la asamblea, la tarea de conducir a la nación.
Uribe cumplió ese mandato en forma extraordinaria, y nos dio el privilegio a quienes pudimos asistir a su exposición, de apreciar sus dotes de líder nato, con un pensamiento claro, lleno de convicciones, con posturas no acomodaticias a las circunstancias, con firmeza ideológica, y por sobre todo con gran sentido de la realidad.
La UEES hizo una gran contribución a sus estudiantes, a sus profesores, y por encima de todo a la colectividad, para poder apreciar a un líder muy grande de nuestro hemisferio. (O)










