No cabe duda de que la captura de Nicolás Maduro llama la atención de las personas, especialmente porque en nuestras calles hemos visto a miles de venezolanos que huyeron de su patria. En estos días las redes sociales se inundan de gente que parece “excesivamente preocupada” por lo que pasa en otro país. Y aquello no tendría nada de novedoso si no fuera parte de algo que termina afectando nuestra salud mental.
Y en cuanto al término afectación, me refiero a que causa perjuicios. La excesiva preocupación por lo que acontece en el mundo exterior desvía nuestra atención de lo importante, de lo urgente y de lo que sucede en nuestra vida. Tal es la magnitud que Herbert A. Simon acuñó el concepto “economía de la atención”, que fue clave para entender una parte de la psicología humana.
En resumen, Simon encontró una correlación que puede expresarse de la siguiente manera: “Cuanto más abundante sea la información, disminuye la atención en lo importante”. Y aquello cobra valor cuando vivimos saturados de videos cortos, imágenes, noticias, alertas y otras. Nuestra atención está constantemente excitada por estímulos externos y como consecuencia se reduce la capacidad de atender lo significativo y próximo.
Y para quienes deseen profundizar más cómo afecta la saturación de información y el contexto digital, les invito a leer el boletín de la APA.
Y volviendo a nuestro tema, todos conocemos a personas que, en lugar de ocuparse de los serios problemas personales, familiares y de su barrio, se rasgan las vestiduras por acontecimientos de territorios que no conocen. Y aquello es particularmente evidente en quienes están convencidos de su responsabilidad moral con el planeta y es posible que se pregunten: “¿Acaso soy egoísta si no me preocupo por lo que pasa a otro ser humano en cualquier rincón de la Tierra?”. Pero ese razonamiento trae como consecuencia la afectación en la salud mental personal.
Al saturarnos de información y contaminarla con preocupaciones que no están en nuestra esfera de control, se erosiona nuestra agenda y terminamos perjudicando a quienes amamos y sobre los que sí tenemos responsabilidades.
De ahí que periódicamente debemos crear espacios para impedir la saturación de información. Y aquello es particularmente importante para quienes son responsables de tareas cruciales, toma de decisiones y labores que implican la vida de otros. La preocupación actual debería estar en mejorar nuestra relación con la información.
Al crear pautas de organización se fortalecerá la atención profunda, la memoria será menos afectada, así también el pensamiento más crítico se volverá fino y podrá aportar con mejores ideas de mayor calidad a su entorno.
De tal forma que reducir la preocupación por realidades que no podemos controlar traerá como ventaja la reconexión con lo verdaderamente importante: usted, su familia, su barrio, su provincia, su país. Esperemos que el 2026 sea un tiempo de alejar de nuestra vida a quienes solo destilan odio y les sobran los recursos para opinar desde la comodidad de su escritorio –de realidades que no las viven– porque huyeron para disfrutar de su fortuna en tierras lejanas. (O)










