Hoy recordamos con profundo pesar, pero también con inmensa gratitud, la vida del padre Alfonso Avilés, quien partió de manera trágica dejando un vacío imposible de llenar, pero también un legado imborrable.
Su vida fue un verdadero testimonio de servicio, fe y entrega. Durante años dedicó su vocación a la Iglesia, guiando, escuchando y acompañando a quienes más lo necesitaban. Su palabra siempre fue oportuna, su consejo prudente y su corazón generoso.
En la comunidad de Villa Club, perteneciente a la Diócesis de Daule, donde sirvió en sus últimos años, su huella es especialmente profunda. No solo fortaleció la fe de sus fieles, sino que trabajó incansablemente por unir a la comunidad.
El padre Alfonso construyó una comunidad sólida, unida en valores, fe y esperanza. Su legado trasciende lo material: vive en cada persona a la que ayudó, en cada vida que tocó y en cada corazón que inspiró. Que su memoria nos motive a seguir su ejemplo de servicio, humildad y amor al prójimo. Descanse en paz. (O)
Pedro R. Lozada, Brooklyn, Nueva York, EE. UU.










