En las batallas, los héroes se cobijan bajo la bandera, lo mismo hacen nuestros atletas cuando suben a los podios de los campeones. Son actos que demuestran su amor a la patria. La actitud de respeto cuando cantamos el himno nacional, se muestra en los militares y policías que se cuadran y saludan. El otro símbolo, el escudo nacional, está en los pabellones que saludamos inclinándonos frente a la bandera. El símbolo representa ese amor y respeto indefinibles con los que demostramos el amor a la patria. Todos los hombres en todo el mundo y en todas las épocas.
La estrella de Belén es otro símbolo para los cristianos, que se mostró a los Reyes Magos para guiarlos hasta el pesebre donde había nacido el Dios encarnado, Jesús, nuestro Señor. ¿Un racionalista como quien esto escribe, aprovecha el símbolo para destacar los valores que encierra: amor, respeto, honradez, solidaridad? Sí, porque son virtudes que nos hacen falta recordar para cumplir con nuestro deber. La razón no se opone a la fe.
Al iniciar el año 2026, los ecuatorianos esperamos que las autoridades cumplan su deber de gobernar, legislar y administrar justicia. Queremos que haya trabajo, inversión en negocios rentables, salud para vivir y trabajar bien. Que se depure a la Función Judicial y al Consejo de la Judicatura y se expulse a los jueces corruptos que aprovechan sus cargos para liberar delincuentes y recibir su paga con dinero sucio.
Los ecuatorianos clamamos por seguridad. Queremos caminar sin miedo, trabajar, tener hospitales que funcionen y que estén bien dotados de medicinas y equipos. Queremos buenas escuelas, que los jueces cumplan con su deber, que la fuerza pública no abuse de sus prerrogativas. Tenemos que cambiar radicalmente si queremos que quienes tienen dinero para invertir lo hagan en nuestro país, sabiendo que su inversión será redituable y segura porque tienen una justicia imparcial.
Es muy dura la tarea de nuestro joven presidente. Ahora está bien asesorado por un jurista sabio y probo como Enrique Herrería. Que no abra frentes innecesarios de lucha y que con la Corte Constitucional no pierdan el tiempo en minucias. Debemos unirnos todos, en todas las funciones del Estado, previa la necesaria limpieza en la Función Judicial. Que nombren como jueces a juristas competentes que algún día podamos llamar sabios.
Vuelvo a las estrellas. Cuando no se había inventado la brújula, los navegantes se guiaban por la luz de las estrellas, principalmente por la polar en aquellas latitudes donde su luz es visible. Nuestros antepasados y los polinesios que fueron grandes marineros, con sus frágiles balsas y canoas se aventuraban por los océanos guiados de noche por la luz de las estrellas y de día aprovechaban las corrientes marinas.
Los símbolos también nos guían. Como la estrella de los Reyes Magos. Por lo cual me parece un grave error que el gran árbol de Navidad del malecón Simón Bolívar se haya levantado tapando la estatua de Bolívar y San Martín, prescindiendo de poner en su punta la estrella y colocado en su lugar un aviso publicitario. A ese paso cambiaremos el cóndor del escudo por un gallinazo. Al fin y al cabo, ambas son aves carroñeras. (O)










