El futuro era esto

Papá nunca nos mintió. Ni siquiera tragaba sus lágrimas. Innumerables veces lo vimos llorar cuando un paciente moría, ante una puesta de sol o un libro triste, él lloraba con toda su emoción.

Ahora que ya no está he descubierto que sí nos mintió, o tal vez simplemente se equivocó. Ahora, que ya es tarde, cuando ojeo alguno de los libros que de chica leí con él, lo extraño, pero quisiera reclamarle.

Yo soñaba con aprender a leer y escribir y en mis prepotentes afanes autodidactas, garabateaba en los márgenes de los periódicos en un intento por copiar las palabras de los titulares. Supongo que por el interés que los adultos ponían a los diarios, y por el tiempo que pasaban leyéndolos, a mí me parecía que copiar sus letras era importantísimo.

Finalmente, un día, gracias a mi abuela materna, aprendí a leer, y como era una longa bien curiosa, cuando lograba leer una palabra volaba a preguntar qué quería decir. Algunas de esas primeras palabras leídas se grabaron en mi mente. Recuerdo, por ejemplo: interino, paro, huelga, Velasco, cosecha, Fidel, panamericana, futuro… Mis favoritas eran huelga y paro, aunque mamá no estaba de acuerdo conmigo, pero yo sabía que gracias a esas dos palabras Quito nos devolvía a papá por unos días.

¡Cuánta agua ha corrido bajo el puente! ¡Cuántos puentes se han caído, cuántos ríos se han secado! ¡Tanta vida! Tanta vida para descubrir que papá mintió, que nunca nos dijo que el futuro era esto. ¿Será que en su bondad y rectitud no lo vio venir? O ¿Será que no quiso verme triste con tanta anticipación? O tal vez no quiso oírme decir: ¡qué pendejada, el futuro era esto! Y aquí estamos, varados y envejecidos en este ‘ahora’ incierto. En este ‘ahora’ que algún día soñamos como un futuro mejor, pero llegó hecho pites, exactamente al revés de como lo soñamos.

Usted, querido y honrado lector, ¿se imaginó que los ecuatorianos perderíamos el sentido de la ética y que el chanchullo fuera la norma y no la excepción? ¿Se imaginó usted que cualquier hijo de vecina podría llegar a ser su alcalde, presidente o legislador? ¿Que la política de su paisito se volviera vergonzosa? ¿Que un nuevo escándalo de corrupción minimizaría el anterior e iríamos perdiendo nuestra capacidad de asombro?

Yo, honestamente, no me lo imaginé. Siempre creí que la justicia llegaría; que las desigualdades no serían tan abismales; que los paisajes, el respeto, los valores y la esperanza no se perderían, pero los múltiples errores de los distintos gobernantes nos condujeron a la debacle que hoy vivimos. La ceguera, la ambición y la falta de escrúpulos se instalaron nomás.

Y ahora ¿qué hacemos? ¿Nos enterramos en vasijas de barro o alzamos nuestra voz?

Tal vez los honestos somos más y si bien nuestro futuro se fue al traste, aún podemos dar pelea por el futuro de nuestros nietos y sobrinos nietos.

Una de las chanzas con las que papá nos divertía era esa que dice: Quien come queso pelando, come caca pensando, quien come queso sin pelar, come caca sin pensar. Ahora que se acercan las elecciones votemos por quien verdaderamente nos represente, no comamos queso pelando… ¡Votemos pensando! (O)

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