¿Vamos a seguir mirando para otro lado? Al sincerar la capacidad de cobro del IESS al Estado en el corto plazo, asoman: un déficit operativo (ingresos anuales menores que egresos anuales) que superó los $ 1.300 millones a diciembre del 2024; iliquidez (al reconocer que las cuentas por cobrar al Estado es, por lo menos, cartera de largo plazo), que se expresaría en un capital de trabajo neto negativo de al menos $ 700 millones y disponibilidad de menos de 70 centavos reales por cada dólar exigible de inmediato.
Haciendo lo mismo con activos y pasivos de largo plazo, se confirma la obsolescencia del modelo de aseguramiento del IESS. Contar con liquidez futura obliga a valorar a precio de mercado los bonos estatales y castigar la deuda que el Estado se niega a reconocer, es decir, castigar fuertemente las cuentas por cobrar de largo plazo. Del otro lado, se debe revisar al alza el registro de pasivos actuariales, dada la creciente desproporción entre jubilados y aportantes. Ambas tendencias arrojan un saldo negativo que los especialistas estiman entre $ 10.000 y $ 20.000 millones y queda poco tiempo para resolverlo.
Son inevitables intervenciones cruentas y radicales, como endurecer las condiciones de jubilación de los trabajadores formales. La aportación resultante tendría un componente fijo basado en la lógica de reparto vigente y un componente de ahorro individual que proteja la pensión de la falta creciente de jóvenes aportantes. La parte fija no podrá más calcularse sobre los cinco mejores sueldos, ni reconocer más del 60 % del valor real de esa cantidad. El componente de ahorro individual ganaría intereses y sería propiedad del afiliado, protegiendo su pensión de la “erosión demográfica”. Además, debe existir una Pensión Solidaria para los afiliados del Seguro Campesino y trabajadores que no alcanzan una pensión mínima, a financiar con el aporte del Estado. Para todos, la edad de jubilación subiría progresivamente a 65 años.
Mejorar la respuesta al afiliado requiere convertir al IESS en un holding de tres entidades autónomas y estancas: una Aseguradora de Pensiones (financiera), una Aseguradora de Salud (que actúe como pagador eficiente de servicios sin subsidios cruzados) y una Gestora de Protección Social (subsidiada). El Seguro Social Campesino se mantendría en el sistema, financiado con una preasignación automática gubernamental (podría ser del IVA), que no pase por la caja fiscal.
El saneamiento del balance exige al IESS volverse un acreedor proactivo. Que el Estado pague su deuda histórica vía un canje de activos, cediendo al IESS derechos irrevocables sobre flujos de venta de petróleo o derechos sobre concesiones mineras, que den rentas líquidas permanentes a la entidad. Además, se debe reformar el BIESS para otorgarle autonomía técnica total, prohibiendo la injerencia política en las inversiones y limitando su exposición a la deuda fiscal.
Que la transición sea gradual pero inexorable. Que asumamos el costo de haber hecho del IESS la vitrina de nuestros vicios políticos. Que sepamos evitar la liquidación desordenada del patrimonio de millones de ecuatorianos. (O)








