Con todo respeto al señor presidente: “No hay peor ciego que el que no quiere ver”, dice el refrán, y se aplica a la Presidencia de la República que parece no darse cuenta del sabotaje descarado al que desde diferentes ámbitos se la somete, dinamitando la aceptación de la que gozaba al inicio de su función.

¿Piensa acaso que la falta de material para cédulas de ciudadanía, pasaportes, licencias de conducir, matrículas y placas de vehículos es casual? ¿Le han dado explicación racional para el criminal desabastecimiento de medicinas y la falta de equipamientos en la red pública de salud? ¿Se ha percatado de que los precios del pan, la leche, el aceite, el arroz y muchos otros productos de la canasta familiar han subido sin que haya una explicación lógica, y no existe ningún organismo que controle la evidente especulación? ¿Cree que son eficientes los organismos financieros estatales con su tramitología absurda y el exagerado tiempo que tardan en conceder créditos mínimos a humildes tenderos, pequeños emprendedores, mientras se comenta que algunos grandes empresarios reciben atención privilegiada y millonarios recursos? ¿Es tan difícil enjuiciar, embargar y rematar los bienes de los recurrentes deudores para recuperar valores que se necesitan para reactivar la economía, y convertir en verdad las ilusorias promesas de empleo para los millones de desocupados que tiene el país? ¿Qué poderoso motivo le impide retomar el eslogan que lo caracterizó cuando fue gobernador del Guayas: “La ley es la ley”, para ordenar en serio la lucha frontal, sin miramientos, a la delincuencia que mantiene a la población acorralada?

Señor presidente, la campaña de vacunación anticovid fue una hazaña que el Ecuador le agradece, pero no es lo único que necesita el país de su gobernante que ofreció jugársela por su destino. Demuéstrelo. (O)

José Teófilo Villón Barros, licenciado en Comunicación, Guayaquil