A inicios de este mes, muchos interactuaron sobre lo que se piensa para Quito, algunos con fanatismos y otros con claridad; entre ellos, nombres sin posibilidad y unos cuantos con presencia y lucidez.
Quito, capital de la nación, hace mucho que no marcaba el paso de lo que debería ser el país. Ese es un antaño de lo que fue para varios la última alcaldía de realidad para la ciudad capital: capacidad innata, tal cual para que en una sesión solemne vintage se convocara al presidente presente (2006, Palacios) y al electo (2006, Correa). Eso era Quito: honorable y poderosa.
Hoy, en una interacción clara, han lanzado varios nombres. Entre ellos hay algunos rescatables, pero bajo el mismo camino: una persona y no un proyecto. Rescato cuatro con claridad: Paco, Sempertegui, Roque y Gonzalo Ruiz.
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Mi percepción es propia e intuitiva, basada en lo que leo y lo que siento. ¿Quiénes pueden enrumbar una ciudad hacia un proyecto y no hacia un apetito? Dos probados y dos con antecedente de empatía.
Un político que encamine la ciudad solo debe tener una particular condición: empatía por el de a pie, el ciudadano que camina, el que enfrenta a diario la delincuencia y las trabas a su emprendimiento por la estúpida burocracia. Quito requiere y exige eficiencia. Praxis.
Cierro esta lectura con mi idea particular: Quito se recupera no con caretas, sino con proyecto, con la capacidad de quienes puedan dejar un legado lejos de polarizaciones y muros, sin despojarse del proyecto de ciudad y, por ende, de su ideología.
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Mi aplauso a los outsiders: han comprendido que la sociedad los apoya aunque no sean lo mejor para la honorable y gran ciudad de Quito. Pero mi profunda reverencia es para los quiteños que han sido firmes en predicar que Quito no es experimento ni improvisación. Quito requiere justicia social con libertad. ¡Ya es hora vintage! (O)
Elvis Alberto Herrera Cadena, Quito


















