Estamos muy preocupados por la distorsión de la protesta social que permite al ciudadano y a las colectividades ser escuchados cuando se vulneran o pretenden vulnerar sus derechos. Es un medio de resistencia frente al ejercicio del poder público que debe satisfacer las necesidades insatisfechas de la sociedad, que exige bienestar y respeto.

También la protesta social es una expresión de libertad, se puede exteriorizar de múltiples formas en calles, plazas, en marchas, pregones, hasta ser escuchados y lograr que el poder público rectifique; pero todo dentro de un ambiente de respeto al orden social y material, y sobre todo a los bienes y a quienes no comparten dichas decisiones.

Sin embargo, no es protesta social utilizar objetivos políticos con intereses de desestabilizar a un gobierno que ha sido constituido democráticamente y buscar su derrocamiento.

El problema principal que afecta a la nación y ansía solución es el crimen organizado, la impunidad, su vinculación narcodelictiva y el sicariato, pero esa no es precisamente la bandera de lucha del paro nacional indefinido que lidera cierto movimiento indígena, sino que el objetivo es el derrocamiento del Gobierno, y conseguir la declaratoria de perseguidos políticos para los prófugos y enjuiciados por realizar actos de corrupción pública.

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Mientras se paraliza el país, se destruyen bienes privados y estatales, se impide el abastecimiento de alimentos, productos, se extorsiona con violencia, y se inicia el hambre, la necesidad. Es una estrategia siniestra, ¡una mayoría legislativa está que se derrite por una conmoción política, y ya sabemos lo que vendría!, ¡no! Conclusión: la actual ‘protesta’ es un disfraz tendente a desestabilizar el sistema democrático para establecer la impunidad creando y forzando una conmoción social y política. (O)

Franklin Moreno Quezada, doctor en Jurisprudencia, Guayaquil