Es realmente imposible expresar a cabalidad la enorme consternación que nos ha causado el trágico fallecimiento del padre Alfonso Avilés. Los designios de Dios son inescrutables, pero confiamos en la insondable sabiduría de su providencia, en cuyas manos lo ponemos a él y nos ponemos nosotros los fieles, que tanto echaremos en falta el celo y la diligencia apostólica de ese párroco ejemplar. En honor a su memoria, quiero compartir aquí una anécdota.

Si bien en enero de 2009 ya se había rezado la primera novena a Nuestra Señora del Buen Suceso en la parroquia Santa Teresita, de Entre Ríos, fue recién dos años después cuando tuvimos el placer de tratar personalmente al padre Alfonso, en ese entonces párroco de esa iglesia. Aunque no habíamos reservado una cita con él, nos recibió en su despacho como si fuéramos viejos conocidos.

Nuestro propósito inicial era solo apersonarnos para un saludo directo, pero terminamos informándole de nuestro trabajo de difusión de la devoción a Nuestra Señora del Buen Suceso y sus profecías en las casas de sus parroquianos. Muchas familias ya habían recibido la visita de nuestra pequeña imagen peregrina de la Virgen del Buen Suceso y escuchado la historia de esta advocación iniciada en Quito, a finales del siglo XVI y parte del XVII. Le relatamos eso en deferencia a su condición de párroco, pero nos dijo que ya lo sabía. Un buen pastor sabe todo lo que sucede en su rebaño.

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Motivados por la confianza que nos comunicó, decidimos en ese mismo instante –sin haberlo planificado antes– plantearle una idea; a saber, la de efectuar en su parroquia una procesión mariana, lo que hasta ese momento no se había hecho. La única procesión con historia allí era la del Corpus Christi. El padre Alfonso asintió.

Fue así que, con un marco de fieles extraordinario, la primera procesión dedicada a la Santísima Virgen en el sector de Samborondón se llevó a cabo el 8 de diciembre de 2011, festividad de la Inmaculada Concepción, encabezada por la pequeña réplica de la imagen de María del Buen Suceso, advocación que nació, providencialmente, justo en el monasterio de Quito cuyo nombre honra esa prerrogativa exclusiva de María Santísima.

La enorme apertura del padre Alfonso a la devoción a la Virgen del Buen Suceso tomó mayor relevancia años después cuando, siendo ya párroco de San Alberto Magno, en La Joya, procedió a entronizar en un altar de la iglesia, a pedido de la Sociedad Ecuatoriana Tradición y Acción, una piadosa imagen de dicha advocación para la veneración de los fieles.

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En sus apariciones a la venerable madre Mariana de Jesús Torres en el monasterio de Quito, la Santísima Virgen prometió conseguir de Dios gracias muy significativas para todos los que cooperen en dar a conocer esta advocación destinada a nuestra época tan mermada por la pérdida de la fe y por la corrupción de las costumbres.

Imploramos, pues, a Nuestra Señora del Buen Suceso que ella tenga ya en la gloria eterna al padre Alfonso, confiados en que la bendita Madre de Dios cumplirá su promesa de conseguirle la justa retribución por haber trabajado en beneficio de este providentísimo título de María del Buen Suceso y dado a conocerlo ampliamente entre los fieles de las parroquias que tuvieron la dicha de contar con su dirección. (O)

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Juan Ramiro Cornejo Falquez, Guayaquil