Las almas no merecen ser olvidadas, dieron tanto en este mundo que su amor se quedó intacto en cada corazón. Con el tiempo no queda ni la tumba, ni la cruz.

Pero en los corazones que amaron está su recuerdo intacto, rememorando su paso por la vida. Pueden pasar los años, pero el dolor que dejaron se queda aprendiendo a vivir con el pesar que no se va.

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“Nunca me olvides”, esa fue la frase que escuché de mi madre y de mi hermana en su última despedida.

“Te estaré mirando desde el cielo cubriendo tus pasos y cada vez que levantes la mirada al firmamento y descubras la estrella más hermosa esa seré yo”, me dijeron.

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Puede ser que se hayan ido, pero jamás se marcharon porque en cada recuerdo su memoria está presente. Más aún en la mesa de muertos que se coloca en la ciudad de Santa Elena, recordando la comida, bebidas, frutas y dulces que más le encantaron en vida a nuestros antecesores.

No hay espacio para el olvido al recordar a los fieles difuntos que dejaron un lazo de amor eterno. Que no se puede romper porque los une el amor que trasciende el velo para un día volvernos a encontrarnos.

La muerte es parte del ciclo de la vida, al nacer nos preparamos para encontrarnos con el misterioso del más allá. Mientras tanto jamás olvidaré a los seres que me amaron y se adelantaron al viaje eterno. Solo es un hasta pronto corazón. (O)

Evelio Patricio Reyes Tipán, Santa Elena