El 6 de febrero de 2011 cuando este Diario publicó el artículo ‘No a las mentiras’ del columnista Emilio Palacio –con una fuerte crítica al presidente Correa–, ciertos lectores y periodistas conservadores estimaron que había sido irrespetuoso y alguno llegó a decir “a Emilio se le fue la mano”.

Hoy que vivimos las secuelas de la ‘década perdida’ de Correa (una justicia contaminada que condenó a policías inocentes por el 30S; el embate del narcotráfico y una corrupción generalizada; nuevos impuestos para intentar disminuir el atraco de las arcas fiscales, etc.), seguramente esos lectores y colegas de Palacio reconozcan que él con sus artículos solo nos advirtió lo que ocurría y las posibles consecuencias. Recuerdo que esperaba con mucho interés sus artículos semanales. Al leerlos, frecuentemente concluía que decía lo que tantos queríamos decir; sentía su protesta como mía y me satisfacía su frontalidad para denunciar las irregularidades del correato. Pero nadie avizoró la magnitud de la venganza del dictador ante esas duras críticas. Es que Correa no conforme con humillar a Palacio en sus sabatinas e instar ataques contra él, lo demandó penalmente, y –usando todo el poder del Estado– logró obtener una millonaria sentencia contra dicho periodista, los directivos de Diario y la compañía propietaria de EL UNIVERSO. En su demanda dijo haber sido injuriado en el artículo ‘No a las mentiras’. Esa demanda de Correa patrocinada por audaces abogados dio inicio al juicio más infame de la década, inusualmente rápido y plagado de atropellos que lo favorecían.

Emilio Palacio, que se encontraba en la cúspide de su carrera profesional, fue gravemente dañado por este juicio, y en general por la persecución de Correa. Fue forzado a renunciar a su trabajo y a refugiarse en otro país para preservar su seguridad personal, lo que le significó truncar su carrera y la destrucción de su proyecto de vida. La Corte Interamericana de Derechos Humanos en una reciente sentencia le dio la razón a Emilio Palacio. Confirmó que el artículo ‘No a las mentiras’ se refería “a una cuestión de interés público, que se encontraba protegida por el derecho a la libertad de expresión” y que “aun cuando las expresiones del señor Palacio Urrutia fueron extremadamente críticas de la actuación del entonces presidente … eso no implica que su discurso quede desprotegido bajo la óptica de la libertad de expresión … un artículo de opinión que se refiere a un asunto de interés público goza de una protección especial en atención a la importancia que este tipo de discursos tienen en una sociedad democrática…”.

Ojalá que dicha sentencia, tan importante para el periodismo ecuatoriano y la libertad de expresión, anime a nuestros periodistas a no callar y a hacer espíritu de cuerpo para protegerse de los abusos de los gobernantes de turno. La histórica sentencia de la CorteIDH y los acontecimientos posteriores a la columna le han dado la razón al valeroso periodista Palacio. ¡Quedó muy claro que en su artículo no se le fue la mano! Solo fue un pretexto de su acusador para silenciarlo y exhibirlo como advertencia para el periodismo crítico. (O)

Lelys María González Montealegre, abogada, Guayaquil