No todo es malo en la Central Hidroeléctrica Coca Codo Sinclair. Lo bueno es que superó sus problemas constructivos y está funcionando con normalidad. Al cierre del año 2021 su generación eléctrica acumulada fue de 36.500 GWh, que a 12 centavos de dólar por kWh –que es la diferencia de costo entre la generación térmica y la hidroeléctrica– nos hemos ahorrado $ 4.380 millones. Esto significa que la Central ya está pagada, pues costó unos $ 2.600 millones y encima cambió la matriz energética del país.

Ahora, el 90 % de la generación es de plantas hidroeléctricas cuya energía es limpia, cuatro veces más barata que la térmica, por lo que pronto deberán reajustar las tarifas a favor de los usuarios.

Lo malo es que en febrero se cumplirán dos años del colapso de la cascada San Rafael y las autoridades no atinan a resolver los problemas. Por suerte la erosión regresiva se detuvo a 9 kilómetros de la captación, pero la zona de San Luis podría demorar años en estabilizarse. Es urgente construir una carretera por la otra margen del río, pero el Ministerio de Obras Públicas acaba de decir que estaría lista en cuatro años; o sea, en el próximo gobierno, mientras que los moradores a pico y pala hacen un cruce por la montaña.

Lo feo es el apuro por construir unas pantallas cerca de la captación, porque suponen que la erosión podría avanzar y destruirla. Sin embargo, es un riesgo colocar pilotes y alterar el cauce del río en una zona tan sensible. Lo sensato sería esperar la consultoría técnica que acordaron con el Cuerpo de Ingenieros de los Estados Unidos, que incluye un modelo físico y la modelación matemática del proceso de sedimentación, que nadie ha hecho. Pero el contrato va porque va, pues en vísperas de la Navidad adjudicaron los trabajos.

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Según la Ley de Murphy, si algo puede salir mal, saldrá mal. (O)

Carlos Luis Hernández Bravo, ingeniero civil, avenida Samborondón