Tenemos la oportunidad con el advenimiento de un próximo gobierno entendido de la realidad ecuatoriana, de subsanar procedimientos equivocados en el desarrollo productivo agrícola nacional e internacional.

Comencemos con tecnología, si no fortalecemos la investigación seguiremos adaptando resultados de otros países, haciendo lo heroicamente posible sin recursos, sacando alguna variedad de arroz, loable, pero en este campo si no se avanza, nos rezagamos. La extensión agrícola –pobre por parte del Estado– es muy importante desarrollarla porque la brecha tecnológica hace que la distancia entre lo tecnificado y no tecnificado sea muy grande, obligando al pequeño agricultor desamparado a desaparecer. En cuanto a comercialización, el problema comienza con la competitividad, los entes reguladores estatales no son eficientes para controlar los precios de los insumos, ahí nace el desbalance en costos. Subsidiar los precios de los productos vía precio oficial es cosa del pasado, peor obligar al comprador a adquirirlos a precios irreales con costos altos de insumos. De nada sirve mejorar la productividad, simplemente no alcanza. Con los productos de exportación es muy parecido tengan precios oficiales o no. Debemos ser competitivos, en el mercado internacional la ley de la oferta y la demanda se impone, olvidarnos de las leyes absurdas como la del banano que en lugar de estimular el crecimiento de la industria la detiene. Vean los cultivos de cacao, mango, palma africanas, camarón, se están comercializando bien en razón de ser competitivos, sin precios oficiales, solo con el esfuerzo de agricultores conscientes de que han desarrollado productividades excelentes con su propio esfuerzo.

El próximo gobierno debe impulsar el desarrollo agropecuario del país sin miramientos políticos. (O)

Cecilio Jalil Morante, ingeniero agrónomo, Guayaquil