La derecha latinoamericana tiene que dejar de hacer política desde la nostalgia si quiere volver a ganar elecciones presidenciales.

Eso piensa Alberto Vergara, politólogo de la Universidad del Pacífico en Lima, Perú, quien explica que lo que muchos describen como una “ola izquierdista” que parece invadir la región ocurre ahora porque la gente se cansó de la “nueva derecha” que gobernó recientemente en algunos países.

Con la victoria de Gustavo Petro en Colombia el pasado 19 de junio se confirmó una tendencia hacia candidatos de izquierda en América Latina, precedida por los triunfos de Xiomara Castro en Honduras, Pedro Castillo en Perú y Gabriel Boric en Chile.

Pero la llamada ola izquierdista llega después de que varios partidos de derecha gobernaran a lo largo de la región.

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¿Sufrieron un Desgaste? ¿La gente se cansó? ¿O son sus programas poco atractivos?

Vergara, quien es autor de varios libros y ensayos sobre política latinoamericana, habla en entrevista con BBC Mundo sobre las razones por las que la “nueva derecha latinoamericana” ya no resulta atractiva para muchos sectores de la región.

Además, explica cómo y por qué la izquierda ha recuperado espacios que había perdido y lo que se puede esperar de los nuevos gobiernos de izquierda en la región.

El triunfo de Petro en Colombia confirma que poco a poco América Latina sigue girando a la izquierda nuevamente. ¿A qué se debe este cambio?

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Hay dos cosas distintas. Una es que en la región hay y ha habido un ánimo antiincumbencia, un rechazo a quienes están en el poder. Esto demuestra que la gente está harta.

También muestra que la gente quiere probar con otras opciones y quiere un cambio.

En Honduras, por ejemplo, hubo un hartazgo con el gobierno de Juan Orlando Hernández y entró Xiomara Castro quien encarnaba el cambio. ¿Ganó por ser de izquierda? Sí, pero también la gente estaba harta de Hernández y quería algo alternativo y ahí estaba ella.

Frente a ese ánimo anti statu quo creo que la derecha se ha parapetado en un discurso básicamente de tiempos que la Guerra Fría, anticomunista, como forma de hacer política.

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Frente a esto la izquierda ha interpretado mejor la necesidad de cambio y ofrece un proyecto con el cual tú puedes estar de acuerdo o no, pero viene con un proyecto al fin y al cabo, mientras que la derecha parece haberse quedado sin proyecto.

GETTY IMAGES Gustavo Petro y la vicepresidenta electa Francia Márquez hicieron historia al ganar las elecciones presidenciales en Colombia.

Entonces tenemos por un lado una derecha que tiene problemas para ofrecer algo nuevo y por el otro una izquierda que termina ofreciendo algo que resuena más a un cambio.

¿Por qué crees que no logra venir con un plan? ¿Qué está pasando con la derecha latinoamericana en la actualidad?

Creo que la derecha se ha transformado y es diferente a la derecha post caída del Muro de Berlín.

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Aquella era una derecha asociada a reformas neoliberales, al consenso de Washington y a la voluntad de liberalizar mercados, internacionalizar la economía y de un manejo en medida de lo posible ortodoxo de la macroeconomía.

Eso se fue agotando como retórica y proyecto. De hecho, la ola de gobiernos de izquierda de los primeros años de los 2000 vino a intentar clausurar esa era neoliberal.

Pero en los últimos 10 años ha ido apareciendo una derecha más radical que aquella derecha economicista del pasado.

La preocupación central de esta nueva derecha ya no es tanto la economía, sino lo que llaman las batallas culturales.

La derecha actual considera que la del pasado, que era más neoliberal y centrada en lo económico, es una “derechita cobarde” y que ellos, representantes de la derecha más radical, están dando las batallas ideológicas y culturales que son las que importan, según ellos.

¿Entonces crees que la gente ya se cansó de esa derecha más radical?

Esa nueva derecha que es más cultural, muy atada a las redes y a circuitos que comparten teorías conspirativas, un poco en la órbita del trumpismo, tuvo su momento. Sobre todo con elección de Jair Bolsonaro.

La elección de Bolsonaro fue quizá el momento más exitoso de esta derecha más conservadora y antiliberal. Les dio la sensación de que se puede tener éxito con plataformas reaccionarias.

Sin embargo, no es que haya dejado de tener importancia. Simplemente dejaron de tener triunfos presidenciales equivalentes.

La derecha que se sumó con fuerza en la candidatura del Kast en Chile o detrás de Fujimori en Perú ha terminado fracasando.

De hecho, en Colombia fracasó aun más. María Fernanda Cabal, la política más a la derecha en Colombia, ni siquiera ganó las primarias del uribismo.

La derecha radical ha ido perdiendo relevancia.

Aún tiene adeptos muy fieles y activos en las redes, pero creo que les es difícil atraer a más personas fuera de esos circuitos.

Con estas últimas derrotas lo racional sería que la derecha latinoamericana entienda que con este rollo conservador, autoritario, orgullosamente antiprogresista, no está teniendo éxito.

¿Ya no convence el discurso de “no voten por ellos porque van a convertir al país en otra Venezuela?

La derecha en América Latina trató por años disuadir a la gente de votar por la izquierda acusándola de comunista, pero esta táctica dejó de funcionar, al menos para ganar presidenciales.

Diría que aún funciona parcialmente, pero no como antes.

En Colombia, Rodolfo Hernández sacó 47% de los votos: no es que ha sido completamente arrasado.

Todavía hay un grupo importante de la población a la que le asusta genuinamente que llegue un gobierno que lleve al país a algo semejante a lo que hizo Chávez con Venezuela.

ALBERTO VERGARA Vergara dice que la derecha latinoamericana tiene que dejar de creer que en la región se puede hacer política desde la nostalgia.

Pero, efectivamente, el discurso recientemente no tuvo éxito en Honduras, ni en Chile ni en Perú.

La gente aún le teme a esa opción, pero no vota únicamente desde el miedo, también por la necesidad de cambio.

Los electores saben que hay matices y que las opciones no son solamente el status quo o Venezuela.

Saben que cualquier intento alternativo no va a ser necesariamente el desastre venezolano.

Se habla de una nueva ola izquierdista que “se expande por América Latina”. ¿Cree que dure y siga expandiéndose a otros países de la región?

No creo que dure tanto. En América Latina cada cierto tiempo se habla de una ola de izquierda, luego viene la ola de derecha, como cuando ganó Sebastián Piñera, Bolsonaro, Pedro Pablo Kuczynski y Guillermo Lasso.

Y ahora estaríamos girando a la izquierda nuevamente.

Lo más probable es que nos tengamos que acostumbrar a esta saludable alternancia democrática entre la derecha y la izquierda, más que a tener olas duraderas.

Varios estudios de ciencias políticas demuestran que en general no ha habido profundas transformaciones en los valores políticos de la sociedad y que las creencias políticas de la gente no se han movido hacia la derecha ni hacia la izquierda

¿Qué debería hacer la derecha para atraer de nuevo al electorado?

La derecha latinoamericana tiene que dejar de creer que en la región se puede hacer política desde la nostalgia.

Es ridículo replicar el “make America great again” de Trump en América Latina. Los latinoamericanos saben que las mejoras en la región siempre se fueron construyendo poco a poco.

No hubo un momento ideal, un edén, al cual retornar.

Cuando Kast en Chile hizo una campaña con comentarios abiertamente machistas, o cuando lo hizo el propio Rodolfo Hernández en Colombia, le estaban hablando a un continente en el que las mujeres hoy son muchos más fuertes, libres y autónomas y que no quieren volver al pasado.

Escuchar a un candidato que quiere volver el reloj hacia atrás es un disparate.

El discurso abiertamente machista de Kast hizo que un candidato como Boris haya conseguido cerca del 70% del voto de las mujeres menores de 30 años.

La derecha latinoamericana se tiene que replantear porqué no logra convencer a la gente. Deben entrar en una fase de evaluación y transformación a futuro.

¿Qué se puede esperar de Chile, Perú y Colombia tras la victoria de la izquierda en esos países?

Me parece que están en situaciones diferentes. En Chile me da la impresión que la Asamblea Constituyente dominada por la nueva izquierda ha malgastado una oportunidad tal vez única de renovar el país al imponer una agenda muy activista y alejada del ciudadano promedio.

Si el proyecto constitucional se termina rechazando va a ser un gran problema para el presidente Boric y para la izquierda latinoamericana.

En el caso peruano, ha llegado al poder un presidente que es una rara combinación de inexperiencia absoluta con corrupción importante y que tiene el país a la deriva, sin ningún proyecto. Castillo simplemente trata de sobrevivir mientras el país va al garete.

GETTY IMAGES Gabriel Boric

Petro es un gran líder político, con mucha experiencia. Ha sido alcalde de Bogotá y ha sido un senador muy importante en Colombia. Tiene una larga trayectoria y ha ido cambiando, en el tema económico por ejemplo ha ido desarrollando una preocupación por la energía verde y la ecología.

En lo político todo indica que ha abandonado la pretensión de una nueva asamblea constituyente para Colombia.

Pareciera ser alguien de izquierda que ha ido moderándose. Aunque todos sabemos que del dicho al hecho hay un trecho.

¿Qué significa este giro a la izquierda para lo internacional y para las relaciones con Estados Unidos y el resto del mundo?

Las relaciones con Estados Unidos o China no están marcadas por el ciclo electoral, tienen que ver más con procesos un poco más largos.

Me da la impresión que EE.UU. ha perdido relevancia en la región. No pareciera tener mucho que ofrecer, independientemente de gobiernos de izquierda o de derecha.

Colombia que siempre ha sido un aliado de EE.UU. no va a dejar de ser de serlo porque Petro ganó.

Por otro lado, Bolsonaro, siendo un gobierno de derecha, no tiene ninguna simpatía por el gobierno de Biden, y aborrece a los demócratas y sus agendas progresistas.