La huella de destrucción ambiental generada por nuestras actividades humanas prevé el aumento de la temperatura en 2°C para el 2050, producto del consumo de combustibles fósiles que ha acelerado el cambio climático global.

En el estudio de migración climática del Banco Mundial del 2021, se estima una migración universal forzada de 217 millones de personas que se intensificaría en el año 2030, y para el 2050 se podría duplicar. Paralelamente la Acnur –la Agencia de la ONU para los refugiados–, coincide que Latinoamérica es una de las regiones más golpeadas, donde los desastres climáticos suceden uno tras otro debido al calentamiento global y está más expuesta a efectos catastróficos en mayor ritmo que el resto del mundo; con temporadas de sequías, olas de calor, hambre, inundaciones y la incapacidad de los sistemas sociales y económicos para mantener los medios de subsistencia.

La ONU en su último informe sobre cambio climático en el 2021 concluyó que de no cambiar nuestras condiciones de consumo para finales de este siglo, nos enfrentaremos al aumento de 5°C de temperatura y a un escenario devastador donde la vida no sea posible en el planeta.

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Actualmente la reducción de la temperatura es una lucha perdida, por lo que el Banco Mundial propone cuatro recomendaciones para minimizar el impacto del calentamiento global y reducir al mínimo las migraciones forzadas, con la reducción de las emisiones mundiales para alcanzar las metas del Acuerdo de París; integrar la migración en la planificación de un desarrollo verde e inclusivo; prepararse para los desplazamientos mediante estrategias de adaptación positiva; e invertir en una mejor comprensión de los factores que impulsan la migración climática.

¿Podremos enfrentarnos con éxito a este desafío que supone la superación de la crisis climática actual? (O)

Alberto Mendoza Reyes, arquitecto, Portoviejo