El Holocausto, perpetrado por el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial, no solo marcó una de las mayores tragedias humanas del siglo XX, sino que redefinió de manera profunda la arquitectura política, jurídica y moral del sistema internacional. Su impacto trasciende la memoria histórica: sigue influyendo en decisiones geopolíticas, alianzas estratégicas y debates éticos que configuran el mundo contemporáneo.

En primer lugar, el Holocausto fue determinante para la creación de un nuevo orden jurídico internacional. La magnitud del exterminio impulsó la formulación del concepto de crímenes contra la humanidad la tipificación del genocidio, incorporados luego al derecho internacional. Los juicios de Nuremberg sentaron precedentes clave: por primera vez, líderes estatales fueron responsabilizados penalmente ante una comunidad internacional. Este legado sigue vigente en tribunales como la Corte Penal Internacional y en los debates sobre justicia transicional, intervención humanitaria y responsabilidad de proteger.

En el plano geopolítico, el Holocausto influyó decisivamente en la creación del Estado de Israel en 1948. La tragedia del pueblo judío aceleró consensos internacionales sobre la necesidad de un Estado propio, convirtiendo a Medio Oriente en uno de los principales focos de tensión global hasta hoy. El conflicto palestino-israelí, las alianzas regionales y el involucramiento de potencias como Estados Unidos, Rusia y la Unión Europea están atravesados por esta herencia histórica, donde la memoria del Holocausto sigue siendo un elemento central del discurso político y diplomático.

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En la geopolítica actual, el Holocausto también influye en el debate sobre los derechos humanos. Las comparaciones con genocidios posteriores en Ruanda, Bosnia o Darfur refuerzan la idea de que la indiferencia internacional puede ser tan letal como la violencia directa. También existe una tensión constante entre la memoria histórica y su uso político: algunos gobiernos invocan el Holocausto para justificar políticas de seguridad extremas, y otros denuncian su instrumentalización a su manera. (O)

Nelson Humberto Salazar Ojeda, escritor, Quito