Cada mes de mayo rendimos un sentido homenaje a las madres, un día que, con el paso del tiempo, lamentablemente se ha transformado en un evento comercial, eclipsando su verdadero significado. Una madre es una figura sublime que permanece constante en la vida de sus hijos, disponible las 24 horas del día. Su amor es infinito e incondicional, siempre alerta para ofrecer sabios consejos y guía amorosa, protegiendo con ternura y dedicación. Ser madre no es un trabajo, es una misión noble que emana de la esencia misma de su ser, y a pesar del tiempo, su amor permanece inmutable. Es motivo de gratitud hacia Dios el haber puesto a las madres en nuestras vidas, para cuidarnos y criarnos con valores sólidos, enseñándonos a confiar en nosotros mismos y a valorar la vida. (O)
Jorge Enrique Andrade Rodas, Guayaquil