San Antonio de Macará es el cantón más hermoso del sur del Ecuador, ubicado a 195 kilómetros de la ciudad de Loja y a 100 kilómetros de la ciudad de Piura, Perú, a pesar del olvido de los Gobiernos que se han sucedido, especialmente después de la firma de la paz con el vecino país, era una isla de paz y un pueblo trabajador porque se le brindaban ayudas para hacer obras, para comerciar, trabajar y vivir decentemente. Entre 1978 y 1983, tuve el honor de desempeñar las funciones de presidente del Ilustre Concejo Municipal de Macará. Fue un honor; no se ganaba sueldo; en esas épocas traté con tres presidentes de la República diferentes: Alfredo Poveda Burbano, Jaime Roldós Aguilera y Oswaldo Hurtado Larrea, quienes apoyaron a Macará con más de 150 millones de sucres del Fondo Nacional de Participaciones.
Sin embargo, hoy lastimosamente nadie apoya a Macará. No hay trabajo, no hay comercio, la Ley Orgánica de Desarrollo Fronterizo no se aplica y no dejan trabajar, la gente no tiene nada que hacer y se va, porque viaja al exterior, y lo que queda son fenómenos sociales como destrucción de familias. Como si esto fuera poco, desde el 24 de diciembre de 2025, la frontera está cerrada por inseguridad, desconociendo el trabajo de nuestro Ejército y de las Fuerzas Armadas del Perú en el respeto y cuidado de nuestras fronteras, lo cual ha traído pobreza y hambre a los pueblos del cordón fronterizo.
La Policía Nacional siempre ha realizado un buen trabajo cuidando el orden interno en la frontera, pese a que no es atendida debidamente, no cuenta con los equipos necesarios ni los vehículos patrulleros suficientes ni los recursos necesarios y, lógicamente, tampoco el personal que se requiere, por lo que invocamos a las autoridades necesarias para que nos brinden seguridad.
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Solo trato de alertar a las autoridades para que recuerden que Macará también es Ecuador. Que creen fuentes de trabajo apoyando al Municipio financiando las obras de infraestructura básica como lo dispone la ley, creando zonas francas y de libre comercio, que faciliten la vida en la frontera e impidan el éxodo masivo que hoy ocurre. (O)
Alfredo Suquilanda Valdivieso, doctor en Jurisprudencia, Quito




















