Lamentablemente nuestro país es como un cuerpo descompuesto, muy enfermo, es decir, está maltratado desde décadas pasadas. Es necesario que se le aplique una reforma integral. Ocurre como en construcción, cuando alguien inicia una obra sin la debida planificación, esa obra será muy defectuosa y puede caer con un pequeño remezón.

Comparando con el desarrollo de la construcción de un edificio, con las debidas técnicas sismorresistentes, para que nunca colapse, con planificación adecuada en lo económico, utilizando un equilibrado presupuesto; así sea una pequeña edificación de una o dos plantas, un edificio para centro comercial, terminal terrestre o aeropuerto bien planificado y bien construido, no colapsará.

Nuestro país necesita una reforma a su Constitución, no como la vigente aprobada en Montecristi y escrita desde otras latitudes, según es conocido ahora, y se puede comparar a otros países de Sudamérica que tienen esa ideología para atrasar pueblos.

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Ahora nos encontramos con un desorden total, candidato puede ser el señor que cuida carros o que canta bonito porque nadie le impide participar y siempre ganan los improvisados. Por ejemplo, la llamada Asamblea está compuesta, en su mayoría, por personas que solo conocen cómo sentarse y para legislar se rodean de muchos asesores y que producen ingentes gastos a nuestro país.

En resumen, el siguiente presidente debe buscar reformar, urgente, esa Constitución tan maligna que constituye un manual de cómo retrasar el crecimiento de un país. Con planificación se ordenará el crecimiento de un cantón, una provincia o de un país para obtener progreso integral. (O)

Rodolfo López Osorio, arquitecto, Guayaquil