Cuando los ecuatorianos —no todos— de clase media alta para arriba toman vacaciones de dos o tres semanas, generalmente lo hacen fuera del Ecuador sin tomar en cuenta que dentro de su país existen maravillas que, inclusive, son apreciados destinos turísticos a nivel global. Cuando se trata de puentes vacacionales, sin embargo, los ecuatorianos preferimos otros destinos como la playa, el campo, la montaña o la selva.

La pandemia y sus efectos físicos, psicológicos y económicos sirvieron para que esas costumbres cambiaran de diferente manera, no solo por las restricciones de circulación terrestre y aérea, sino también por las odiadas cuarentenas y las normales diferencias emocionales y físicas que existen en una masa poblacional de características heterogéneas. El sector turístico de nuestra sociedad ha sido el más golpeado por esta grave condición sanitaria que no es local solamente, sino que ocurre a nivel mundial.

Durante esta temporada de libertad restringida que ya lleva 16 meses, han podido ser descubiertas en nuestro país algunas actividades que el ingenio y la viveza criolla han sido capaces de desarrollar para sobrevivir, incluyendo actividades delictivas como la venta de medicinas y otros insumos médicos, que evidenciaron las miserias más ruines de los seres humanos. Lo más grave de toda esta corrupción perversa ha sido la participación activa de ciertos funcionarios públicos en estas “travesuras”, quienes a pesar de estar debidamente procesados y detenidos, pretenden ignorar su realidad al intentar, con un cinismo y arrogancia inverosímiles, seguir ejerciendo sus cargos públicos y despachar desde sus encierros como si no hubiera ocurrido nada. Su audacia es tan grande que llegan al extremo de manifestar que ellos no solo que no están detenidos, sino que simplemente están aprovechando de la opción de disfrutar de unas lindas “vacaciones” en cana-da. (O)

Hugo Landívar Armendáriz, ingeniero civil, Guayaquil