A través del tiempo se han escrito cartas y poemas hermosos a la madre, todos llenos de amor que acrecientan ese sentimiento que solo Dios pone en nuestros corazones. La palabra madre encierra todas las grandes y maravillosas acciones que el mundo necesita y por esta razón me pregunto de qué están hechas las madres, su piel suave parece impregnada del maná del cielo, su carne y huesos son benditos y purificados por el Creador, solo así podemos entender el accionar de ellas.

Ellas dan origen no solo a la vida del ser maravilloso llamado hijo y desde ese momento se llena de fortaleza todo su cuerpo, sus ojos ven más que las estrellas al contemplar el fruto de su vientre concebido con amor, esa es la la receta maravillosa que alimenta su cuerpo y es base del caminar por el mundo, es el sello de lo sublime, está en los éxitos y también los levanta de sus caídas.

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La madre es única en su andar, su belleza es espiritual, quien la ve cuando es niño lo hace con mirada angelical y extiende sus manos para darles los abrazos bañados de pura ternura, y va acrecentando ese amor. Y cuando llega uno a la juventud es nuestra heroína, parece que vuela, sus alas son invisibles, está a nuestro alrededor en todo momento, aparece limpiando nuestras lágrimas con besos tiernos o con mirada fuerte cuando nos equivocamos en nuestras acciones.

Madre, mujer estoica de la vida. Dios al crear el mundo nos premió y se dio cuenta que solos sin rumbo no podíamos estar en este mundo y nos entregó el más bello ejemplo con el amor de su madre bendita la Virgen María.

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El mundo se detiene en esta fecha para mirar y agradecer con amor excelso la creación y bondad de una madre, sabiendo, científicamente, que en nuestros corazones está impregnado de sus células como sello imborrable de su amor. ¡Gracias, mamá! (O)

Alicia de Jesús Carriel Salazar, Guayaquil