La mayoría de las personas que conozco quieren hacer lo correcto. Quieren cuidar a los demás, quieren avanzar, quieren que las cosas salgan bien. Y aun así hay momentos en los que algo se pierde en el camino. No ocurre con discusiones ni con grandes conflictos. Ocurre de forma silenciosa. Es un cambio sutil que casi nadie señala, pero que todos sienten.

No siempre es el plan, ni la intención o la estrategia. A veces son pequeños comportamientos los que cambian la temperatura de una habitación, conversación o relación. Tal vez no lo notes de inmediato, pero lo percibes.

Puedes tener razón y aun así generar resistencia. Puedes hablar con seguridad y cerrar puertas. Puedes esforzarte mucho y, sin darte cuenta, dejar atrás a otros. Ahí está el verdadero trabajo: no solo en pulir lo que decimos, sino en revisar quiénes somos cuando lo decimos.

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Porque los hábitos que erosionan nuestras relaciones muchas veces no llegan anunciándose. Aparecen en un tono que minimiza, en una certeza que no deja espacio, en una reacción impulsiva, en una mirada estrecha, en un enfoque que gira siempre alrededor del “yo”.

El daño no siempre es evidente, muchas veces es discreto y las personas se vuelven cautelosas. Y cuando eso ocurre, quizá todavía haya voluntad, pero tal vez ya no el mismo compromiso.

Debemos tener la capacidad de detenernos a tiempo, antes de que un momento se convierta en un patrón. Es esa señal que dice: pausa. Revisa tu postura por dentro y por fuera. Ese pequeño chequeo no nos vuelve débiles, nos vuelve conscientes y nos permite ser firmes sin ser duros y claros sin ser hirientes.

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Hoy tenemos herramientas para ejercitarlo: podemos escucharnos, observar cómo entramos en una conversación, cómo damos retroalimentación, cómo reaccionamos bajo presión. No para castigarnos, sino para mejorar.

Las personas lo sienten de inmediato, porque la vida no nos pide perfección, nos pide conciencia, y los vínculos más sanos no necesariamente los construyen quienes dicen ser coherentes. Los construyen quienes se detienen, se corrigen y se convierten en personas en las que otros pueden sentir y confiar. (O)

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Álex Torres Espinoza, Director Operaciones, Samborondón